Skip to content
×
Ojeras profundas.
Había envejecido.
No 20 años.
Pero sí lo suficiente para que Elena comprendiera algo que la oscuridad le había impedido notar.
Mauricio también había pasado por el accidente.
No había sufrido las mismas heridas.
Pero había vivido sus consecuencias cada día.
Eso no justificaba los gritos.
No borraba los meses de distancia.
Pero explicaba algo.
—Te ves terrible —susurró Elena.
Mauricio soltó una carcajada entre lágrimas.
—Gracias.
Ella también rio.
Después ambos se quedaron callados.
Elena no permitió que aquel momento solucionara mágicamente todo.
El lunes fueron juntos a la Notaría 18.
Elena revocó formalmente el poder que había otorgado después del accidente.
También pidió que las cuentas personales que Mauricio había administrado durante su recuperación volvieran a quedar exclusivamente bajo su control.
No porque desconfiara de él.
Porque necesitaba recuperar su independencia.
Mauricio estuvo de acuerdo.
Aquella misma semana revisaron sus finanzas.
Durante 2 años él había pagado prácticamente todos los gastos de la casa desde una cuenta conjunta.
No faltaba dinero.
No existían retiros secretos.
No había transferencias sospechosas.
Pero encontraron otro problema.
Mauricio había acumulado más de 180,000 pesos en deudas de tarjetas y préstamos personales.
Había pagado rehabilitación privada, transporte, medicamentos y adaptaciones de la vivienda sin decírselo a Elena porque no quería preocuparla.
—Esto también es ocultarme cosas —dijo ella.
Mauricio bajó la cabeza.
Continúa en la página siguiente.➡️