No es necesario pelarlos: la piel aporta color, consistencia y una textura extra muy agradable.
Corta los extremos y luego trocea los calabacines en rodajas bastante gruesas, de entre 1 y 1,5 cm.
Las rodajas no deben ser demasiado finas, ya que podrían romperse durante el montaje. Tampoco deben ser demasiado gruesas; de lo contrario, el calabacín podría quedar demasiado duro mientras el rebozado ya está bien dorado. Coloca las rodajas en un plato o una tabla.
Consejo para reducir la humedad
El calabacín contiene mucha agua. Para conseguir un rebozado bien crujiente, espolvorea ligeramente las rodajas con sal y déjalas reposar entre 10 y 15 minutos.
La sal hará que parte del agua salga a la superficie. A continuación, seca bien las rodajas con papel absorbente.
Este paso es opcional, pero muy recomendable si tus calabacines son muy jugosos.
2. Preparar el queso
Corta la mozzarella o el emmental en lonchas finas.
