Acababa de sacar a mi hija del hospital, sin saber si algún día volvería a caminar, cuando una adivina se acercó y dijo su nombre completo. Después susurró: “Tu esposa me habló de ella antes de morir”. Me quedé paralizado. Fingí creerle y acepté visitar su casa. Pero cuando mi hija vio a aquella mujer, empezó a temblar y pronunció unas palabras que cambiaron todo.
Dos semanas después aparecía el nombre de Jacinta.
“La vecina me recomendó a doña Jacinta. Dice que puede ayudarme sin cirugía. Me advirtió que, si dejo que los médicos toquen el tumor, lo despertaré”.
Después comenzaron las cantidades.
18,000 pesos.
22,000 pesos.
35,000 pesos.
Pagos de supuestas limpias, preparados de hierbas y ceremonias especiales.
Lucía había retirado dinero de nuestros ahorros y me había dicho que lo necesitaba para reparar la casa de su mamá.
Pero lo peor no eran las cantidades.
Eran sus palabras.
“Hoy volví a tener un dolor de cabeza horrible. Jacinta asegura que significa que la enfermedad está saliendo”.
“Me mareé mientras recogía a Sofía de la escuela. Quise pedir una cita médica, pero Jacinta dice que arruinaría todo”.
“Cada vez tengo más miedo. Miguel preguntó por qué estoy tan cansada. No pude decirle la verdad”.
Me tapé la boca para no gritar.
Mi esposa había estado enferma durante meses.
Y yo no sabía nada.
La última anotación estaba fechada cuatro días antes del accidente.
“Ya pagué la tercera ceremonia. Jacinta promete que pronto estaré completamente sana. Hoy Sofi me preguntó por qué lloro cuando visitamos a esa señora. Le dije que mamá solamente está cansada”.
Debajo había otra frase.
“Mi conejita merece una mamá que pueda correr detrás de ella. Voy a mejorar por las dos”.
Las lágrimas cayeron sobre la libreta.
Entonces comprendí cómo conocía Jacinta nuestros secretos.
Lucía se los había contado.
Durante meses, aquella mujer había escuchado sus preocupaciones, sus miedos y hasta nuestras pequeñas costumbres familiares.
Después utilizó toda esa información para convencerme de que poseía poderes extraordinarios.
De pronto escuché un ruido detrás de mí.
Sofía estaba despierta, observándome desde su cama.