😱😰💖Salí de prisión sin casa, sin dinero y sin poder abrazar a mi hija de diez años. Una anciana me contrató como empleada doméstica y, después de tres semanas, me preguntó: “¿Quién te hizo perderlo todo?”. Le conté cómo mi esposo y mi hermana habían falsificado documentos para quedarse con mi empresa. Ella se levantó, trajo una nota escrita a mano y dijo algo que jamás esperaba escuchar: “Conozco muy bien al hombre que organizó esto”…
—Ahora ya sabes para quién tienes que mantenerte firme —murmuró.
La investigación avanzó después de que un juez autorizara los cateos solicitados por el Ministerio Público. En la notaría encontraron formatos certificados sin llenar y registros de otros poderes sospechosos, varios relacionados con operaciones de Rogelio.
En el garaje señalado por Genaro aparecieron cuatro cajas con el logotipo de mi empresa. Dentro estaban los comprobantes verdaderos de las transferencias y una libreta de Daniela. Había anotado fechas, cantidades y nombres como quien lleva la lista del mandado.
Una página anotaba: «P. Valdés, poder: 300 mil» y «Lic. L., expediente Lucía: 500 mil». La segunda anotación correspondía a un funcionario que intervino en mi caso.
Rastrearon los anticipos hasta cuentas ligadas a Mauricio. Las operaciones se habían autorizado desde mi oficina mientras yo viajaba. Los registros bancarios desmintieron que hubiera dado esas órdenes.
Patricia Valdés fue detenida y, al declarar con su defensa presente, admitió que había certificado el poder sin verme. Mauricio culpó a su padre. Rogelio habló de persecución. Daniela, enfrentada a su propia letra y a la posibilidad de responder sola por los delitos, terminó colaborando con la investigación.
Lo peor de su declaración no tuvo que ver con dinero.
—Al principio solo transferíamos cantidades pequeñas —reconoció—. Luego Mauricio dijo que Lucía podía cargar con la responsabilidad porque las cuentas estaban a su nombre. Su padre se encargó del notario y de conseguir declaraciones contra ella.
—¿Y qué le dijeron a Valentina? —preguntó Teresa durante una diligencia en la que se documentó su testimonio.
Daniela bajó la cabeza.
—Que su mamá era una ladrona. Que ya no la quería.