😱😰💖Salí de prisión sin casa, sin dinero y sin poder abrazar a mi hija de diez años. Una anciana me contrató como empleada doméstica y, después de tres semanas, me preguntó: “¿Quién te hizo perderlo todo?”. Le conté cómo mi esposo y mi hermana habían falsificado documentos para quedarse con mi empresa. Ella se levantó, trajo una nota escrita a mano y dijo algo que jamás esperaba escuchar: “Conozco muy bien al hombre que organizó esto”…
—Entonces te haré regresar al penal. Y cuando salgas, ella ni se acordará de ti.
Conservé aquella amenaza y Teresa la incorporó a la investigación. Después intentaron denunciar supuestas faltas a mis condiciones de libertad, pero una inspección comprobó que cumplía todas.
Mi madre llamó por primera vez en tres años.
—¿Cómo te atreves a denunciar a Daniela? ¡Es tu hermana! —gritó—. Ella cuida a tu hija mientras tú te dedicas a arruinar a la familia.
Le hablé del registro de visitas, de la firma falsa y de las entregas comprobadas. Su voz fue perdiendo seguridad.
—Daniela dijo que tú la obligaste —murmuró, de pronto insegura.
—Y tú decidiste creerle mientras brindabas en mi casa, en la boda de mi esposo con ella.
Mi madre cortó la llamada. Una hora después envió un mensaje: «Perdóname». Lo leí sin sentir alivio. Algunas disculpas llegan cuando ya no encuentran dónde sentarse.
Dos días después vi a una niña con uniforme escolar detenida frente a la reja de Mercedes. Su mochila morada me resultó familiar antes que su rostro.
—¿Tú eres Lucía? —preguntó—. ¿Mi mamá de verdad?
Era Valentina. Tenía diez años. Fruncía la nariz cuando estaba nerviosa, como antes.
—Sí, mi amor. Soy yo.
—La tía Daniela dice que nos abandonaste. Mi papá dice que eres mala. Pero la abuela me llamó y me dijo que preguntara por ti.
Por primera vez, mi madre había dicho la verdad.
—No te abandoné —le expliqué, poniéndome a su altura—. Me separaron de ti. Estoy intentando arreglarlo con ayuda de una abogada.
—¿Vendrás por mí?
Quise llevármela entonces, pero mi condena seguía vigente y no podía exponerla a una disputa legal.
—Voy a luchar para que estemos juntas y para hacerlo bien, sin que nadie pueda volver a separarnos.
Valentina sacó de su mochila un dibujo doblado. Éramos nosotras dos tomadas de la mano. Abajo, con letras infantiles, decía: «Mi mamá y yo». Lo guardaba desde primero de primaria.
Cuando se fue, Mercedes me encontró abrazada a aquel papel.