Era Teresa Montiel, la madre de Alejandro, a quien él había prohibido entrar al edificio desde hacía meses.
—Perdón, señora —dijo Elena—. Mi hija no quiso molestarla.
Teresa miró a Sofía y después a Elena.
—No me molestó. Me encontró.
Luego levantó los documentos y, con la voz quebrada, añadió:
—Acabo de descubrir que la mujer con la que mi hijo va a casarse lo ha estado traicionando desde el primer día.
En ese mismo instante, del otro lado del corredor, Valeria apareció y vio la puerta abierta.
Su sonrisa desapareció.
Nadie podía imaginar lo que estaba a punto de ocurrir.
PARTE 2
Valeria caminó hacia el despacho.
—¿Qué hace ella aquí? —preguntó, mirando a Teresa con desprecio—. Alejandro dejó muy claro que usted no era bienvenida.
Teresa dobló los documentos contra su pecho.
—No vine por ti. Vine por mi hijo.
—Su hijo está celebrando nuestro compromiso. No pienso permitir que vuelva a manipularlo.
