PARTE 1
—Esa niña no debería estar aquí. Sáquenla antes de que arruine las fotos.
Valeria Cárdenas lo dijo sin levantar la voz, pero lo bastante fuerte para que Elena Ramírez la escuchara desde el pasillo. La prometida de Alejandro Montiel sonreía frente a los invitados, con una copa de champaña en la mano y un vestido color esmeralda que costaba más de lo que Elena ganaba en un año.
Elena apretó los labios. Había trabajado seis años limpiando departamentos de lujo en Polanco y sabía muy bien cuándo fingir que no había oído nada.
Aquella noche no había conseguido quién cuidara a su hija. Sofía tenía tres años, un vestido rojo de segunda mano y la costumbre de observarlo todo con una seriedad desconcertante. Elena la había dejado en la cocina de servicio con colores, galletas y un jugo, rogándole que no saliera.
