Mamá asintió.
Durante varios instantes, los tres permanecimos sentados en silencio.
Entonces Alaric miró el tiramisú sin terminar.
“¿Eso es todo lo que pediste?”
“Ocurrió antes de la cena.”
Él arqueó una ceja.
Mamá se encogió de hombros.
“Tengo sesenta y cinco años.”
Alaric se rió.
“Eso definitivamente suena a ti.”
Miré a mi alrededor.
“¿Así que este es realmente su restaurante?”
“Durante veintitrés años.”
Mamá examinó la habitación con detenimiento.
“De verdad lo hiciste.”
"Eventualmente."
Entonces Alaric señaló hacia la pared que teníamos detrás.
"Mirar."
Nos dimos la vuelta.
Varias fotografías enmarcadas colgaban bajo las luces cálidas.
En una de las imágenes se veía a un Alaric mucho más joven, de pie dentro de una cocina estrecha.
A su lado había una joven con abundante cabello castaño y una enorme sonrisa.
Mi madre.
Me acerqué.
Debajo de la fotografía había una pequeña placa de latón.
Decía:
PARA MOLLY, QUE ME DIJO QUE YO PERTENECÍA A UNA COCINA ANTES DE QUE YO MISMA LO CREYERA.
Mamá lo miró fijamente.
“¿Guardaste esto?”
"Por supuesto."
Sus ojos se llenaron de lágrimas de nuevo.
Parte 3:
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