Subí al avión con una sola maleta, todavía escuchando a mi esposo decirme: “Mañana viene ella, necesito que ya no estés aquí”. Después de cuidarlo durante 3 años tras su accidente, no discutí ni lloré; simplemente me fui. Pero antes del despegue, una azafata cambió mi asiento… y el hombre que encontré a mi lado sabía demasiado sobre mi matrimonio.

PARTE 1

—Mañana viene Fernanda. Necesito que para entonces ya no estés aquí.

Lucía tardó varios segundos en entender que Daniel hablaba en serio.

Él estaba junto a la ventana del departamento que habían compartido durante siete años en Monterrey, con la calma de quien ya tomó una decisión y sólo espera que el otro la acepte.

—¿Fernanda es la mujer con la que llevas meses?

Daniel bajó la mirada.

—No quería que te enteraras así. Simplemente pasó.

Aquella frase terminó de romper algo.

Durante tres años Lucía había aprendido a levantarlo de la cama sin lastimarlo, cambiar vendajes, controlar medicamentos, discutir con aseguradoras y acompañarlo a rehabilitación después del accidente de motocicleta que casi lo deja sin caminar. Había abandonado su trabajo como intérprete de francés porque los horarios médicos volvieron imposible cualquier empleo.

 

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