Sau khi tôi từ chối mua ghế chơi game bằng tiền thưởng, chồng tôi xách vali về nhà mẹ và tuyên bố sẽ chỉ quay lại khi tôi biết hối lỗi. Một tháng sau, anh ta thấy tôi chuẩn bị đi nghỉ dưỡng và nổi giận: “¿No me extrañaste? ¿Gastaste en un viaje todo lo que ahorraste sin mí?”. Tôi không níu kéo hay xin lỗi. Tôi chỉ đưa anh ta xem một tờ giấy, và lần đầu tiên anh ta bắt đầu sợ hãi. Advertisements
Recordé la ocasión en que tuve una infección fuerte y regresé de la clínica con fiebre. Apenas podía mantenerme de pie. Mauricio estaba sentado frente a su computadora, jugando con sus amigos.
Le pedí que preparara algo de comer.
Sin quitarse los audífonos, contestó:
—Pide comida, Mariana. No soy tu empleado.
Aquella noche terminé preparando sopa mientras él gritaba emocionado frente a la pantalla.
Recordé también mi cumpleaños número treinta y cuatro. Había reservado una mesa sencilla para cenar juntos.
Mauricio canceló dos horas antes porque tenía una partida importante.
Cuando le reclamé, me dijo que las mujeres siempre exagerábamos nuestras fechas especiales.
Sin embargo, para su cumpleaños yo había organizado una reunión con sus amigos, preparado comida y comprado un regalo que pagué durante tres meses.
—¿Sabes qué fue lo peor? —le pregunté—. Que terminé creyendo que pedirte atención era ser exigente.
Mauricio apartó la mirada.
—Siempre dramatizas todo.
Mi papá dio un paso hacia él.
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—No, Mauricio. Lo que pasa es que nunca escuchaste a mi hija.
—Con todo respeto, don Roberto, esto es asunto de mi matrimonio.
—Lo sé. Por eso no voy a decidir por ustedes. Pero tampoco voy a quedarme callado mientras le gritas en su propia casa.
Hubo un silencio incómodo.
Entonces saqué mi libreta de gastos.
La había comenzado a llenar desde la primera semana de su ausencia.
—Mira estos números.
Le mostré cuánto había pagado durante los últimos meses por comida, electricidad, agua, artículos de limpieza y compras personales que él me había pedido.
—Aquí están los cargos de las cenas que encargabas. Aquí las bebidas energéticas. Aquí los accesorios de tu computadora. Y aquí el dinero que me pediste prestado para comprar ese teclado que, según tú, era una emergencia.
—¡Yo también trabajo!
—Nunca dije lo contrario. Lo que digo es que ganabas tu sueldo y lo gastabas en ti, mientras yo pagaba casi todo lo que necesitábamos los dos.
Le enseñé la comparación con las tres semanas anteriores.
—Desde que te fuiste, mis gastos bajaron tanto que pude conservar mi bono, pagar mis obligaciones y empezar a recuperar mis ahorros. No fue magia. Simplemente dejé de financiar tus caprichos.
Mauricio tomó la libreta.
Sus ojos recorrieron las cifras.
—Estás contabilizando hasta lo que comía. Qué vergüenza.
—Yo no quería llevar esas cuentas. Tuve que hacerlo para comprender por qué trabajaba tanto y nunca me alcanzaba el dinero.
Entonces pronunció una frase que terminó de destruir cualquier duda que pudiera quedarme.
—Pues claro que gastabas más conmigo. Soy hombre. Necesito comer bien y estar cómodo. ¿Para qué me casé si ahora tengo que preocuparme por esas cosas?
Mi papá cerró los ojos.
Yo dejé la libreta sobre la mesa.
—Gracias, Mauricio.
—¿Gracias por qué?
—Por recordarme que estoy tomando la decisión correcta.