Sau khi tôi từ chối mua ghế chơi game bằng tiền thưởng, chồng tôi xách vali về nhà mẹ và tuyên bố sẽ chỉ quay lại khi tôi biết hối lỗi. Một tháng sau, anh ta thấy tôi chuẩn bị đi nghỉ dưỡng và nổi giận: “¿No me extrañaste? ¿Gastaste en un viaje todo lo que ahorraste sin mí?”. Tôi không níu kéo hay xin lỗi. Tôi chỉ đưa anh ta xem một tờ giấy, và lần đầu tiên anh ta bắt đầu sợ hãi. Advertisements
—¡Si no me das los 28,400 pesos de tu bono para comprar mi silla gamer, me largo con mi mamá! ¡Y no regresaré hasta que aprendas a respetarme!
Mi esposo, Mauricio, gritaba mientras aventaba su ropa dentro de una maleta. Tenía treinta y tres años, un empleo estable y la absurda costumbre de comportarse como si todo lo que ganaba yo le perteneciera.
Me llamo Mariana, tengo treinta y cinco años y trabajo como coordinadora administrativa en una clínica privada de la Ciudad de México. Llevábamos seis años casados.
Aquellos 28,400 pesos eran el bono trimestral que había conseguido después de trabajar fines de semana enteros. Mauricio quería gastarlos en una silla para videojuegos con luces, calefacción y masaje.
Lo increíble era que había comprado otra apenas siete meses atrás.
—La que tengo ya no sirve. Me duele la espalda —insistió.
—Entonces ve al médico, Mauricio. Pero ese dinero no es para tus videojuegos. Necesito comprarme unos zapatos, pagar unas consultas y guardar algo para emergencias.
Se rio con desprecio.
—Siempre pensando en ti. Para eso mejor me hubiera quedado soltero.
Sentí que algo dentro de mí se apagaba.
Durante años había pagado casi todos los gastos de nuestra casa: supermercado, productos de limpieza, recibos y buena parte de la renta. Mauricio decía que estaba ahorrando para comprarnos un terreno, aunque nunca me mostraba cuánto llevaba reunido.
Si quería carne de primera, yo la compraba. Si se le antojaba cenar a medianoche, yo cocinaba. Si dejaba montañas de ropa sucia, yo las lavaba.
Pero cuando yo necesitaba algo, siempre había una excusa.
—Me voy con mi mamá —repitió, cerrando violentamente la maleta—. Vas a extrañarme. Y cuando regreses arrastrándote para pedirme perdón, veremos si todavía quiero vivir contigo.