Ella respondió con una sonrisa serena:
"Nunca es demasiado tarde para hacer lo correcto."
Unas semanas después, estábamos ordenando la oficina de Eduardo cuando descubrimos una pequeña libreta.
En una página, una frase estaba cuidadosamente escrita:
"Asegúrate de que Lili nunca se sienta sola."
En ese momento, lo entendí todo.
Durante sus últimos meses, Eduardo no solo se había dedicado a preparar documentos.
Lo había planeado todo para proteger el futuro de la mujer que amaba.
Poco después, también encontramos una vieja foto de ellos cuando eran niños, caminando de la mano.
Se lo describí a Liliana.
Ella sonrió dulcemente.
"Me prometió que siempre estaría a mi lado."
Le estreché la mano.
"En cierto modo... cumplió su promesa."
El amor de Eduardo nunca se midió por lo que poseía, sino por todo lo que había preparado para ofrecerle a Liliana seguridad, respeto y serenidad, incluso después de su partida.
