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—No sé exactamente.
Patricia intervino.
—Por ahora hemos identificado transferencias y solicitudes por 790,000 pesos que requieren una explicación documentada.
No podemos establecer su destino final sin más información bancaria.
—Yo puedo entregar los estados de cuenta que tengo —dijo Daniel.
Mariana levantó la cabeza.
—¡Son nuestras cuentas!
—Y quiero saber qué ocurrió con nuestro dinero.
Elena se puso de pie.
—Daniel, también quiero aclararte algo.
No he venido a destruir tu matrimonio.
He venido a dejar de financiar mentiras.
Su hijo la miró con los ojos enrojecidos.
—Mamá, yo no sabía…
—Tal vez no sabías lo de las deudas.
Pero sí sabías que tu esposa me humillaba.
Daniel no contestó.
—Anoche te reíste cuando dijo que podía dormir en el suelo.
La vergüenza apareció en su rostro.
—Pensé que estaba bromeando.
—Después aceptaste quitarme la habitación que yo había pagado.
Eso no fue una broma.
Lucía comenzó a llorar silenciosamente.
Roberto apoyó una mano sobre el hombro de Elena.
—Señora, le debemos una disculpa por todo esto.
—Ustedes no me quitaron la habitación.
—Pero tampoco preguntamos lo suficiente —respondió él.
Elena miró a Mariana.
—Quiero que recojas tus maletas.
Mariana abrió los ojos.
—¿Me estás corriendo?
—Esta casa está rentada a mi nombre.
Mi abogada ya confirmó las condiciones con la administración y puedo reorganizar a mis invitados.
He encontrado alojamiento disponible cerca, pero ustedes tendrán que pagarlo.
—Daniel, dile algo —exigió Mariana.
Su marido se levantó lentamente.
—Tiene razón.
Nos vamos.
—¿Vas a escoger a tu madre en vez de a tu esposa?
Daniel respiró profundamente.
—Voy a dejar de fingir que todo está bien.
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