PARTE 2
La primera semana de retraso, Natalia llamó con calma.
—Fer, te quería recordar lo del dinero. Ya tenemos que apartar lo del cumpleaños de Sofía.
Fernanda respondió con fastidio:
—No puedo pagarte ahorita.
—Pero quedamos en dos semanas.
—Pues cambiaron las cosas.
—¿Cuándo puedes?
—Luego veo.
Y colgó.
Tres días después, Natalia volvió a llamar.
—Aunque sea dame una parte.
—¡Ya te dije que no tengo!
Natalia respiró hondo.
—Fernanda, te prestamos los ahorros de nuestra hija.
—Entonces ahorren otra vez.
La frase le dolió más que el dinero.
Esa misma noche, Ricardo encontró en Instagram una historia de Fernanda: una playa, dos copas frente al mar y una captura de reservación para Cancún.
—Mira esto.
Natalia sintió fuego en el pecho.
Volvió a marcar.
—¿Me estás diciendo que no puedes pagarme, pero sí puedes irte de vacaciones?
Fernanda soltó una carcajada.
—Mi esposo y yo tenemos nuestro presupuesto. Las vacaciones ya estaban planeadas.
—¿Y mi dinero?
—Te pagaré cuando Andrés cobre.
—¡El cumpleaños de Sofía es la próxima semana!
Entonces Fernanda dijo algo que Natalia jamás olvidaría.
—Pues si tú y Ricardo no pueden pagarle una fiesta decente a su propia hija sin depender de veinticinco mil pesos, el problema no es mío. Tal vez deberían administrarse mejor.
Natalia se quedó sin voz.
Ricardo tomó el teléfono.
—Devuélvenos el dinero.
Fernanda colgó.
Minutos después ambos estaban bloqueados.
Para poder festejar a Sofía, Natalia tuvo que pedir prestado a sus padres. Cancelaron el salón y celebraron en casa, con pocos invitados, pastel, gelatina y una piñata en el patio de una tía.
Sofía fue feliz.
Natalia, en cambio, sonreía mientras cargaba una culpa enorme.
—Perdóname —le dijo a Ricardo esa noche—. Yo confié en ella.
Ricardo bajó la mirada.
—Yo también me pasé culpándote. La que hizo esto fue Fernanda.
Una semana más tarde, recibió un mensaje de una antigua compañera de universidad, Mariana.
“¿Tú sigues hablando con Fernanda?”
Natalia respondió que no.
Mariana envió una fotografía.
Fernanda aparecía en una sala espectacular, con ventanales enormes, muebles de diseñador y una vista de Santa Fe. Alrededor había cinco mujeres elegantemente vestidas brindando con copas de vino.
La publicación decía:
“Brunch en casa. Amo recibir a mis amigas.”
Natalia frunció el ceño.
Fernanda vivía con Andrés en un departamento pequeño en Azcapotzalco.
—Ricardo… esa no es su casa.
Mariana escribió otro mensaje:
“Exactamente. Y creo que ya sé para qué te pidió dinero.”
Después mandó una captura de pantalla.
Era el anuncio de una propiedad de renta temporal.
Natalia reconoció inmediatamente la sala de la fotografía.
Fernanda había pagado miles de pesos por fingir ante sus nuevas amigas que vivía una vida que no tenía.
Pero eso era apenas el principio.
Porque una de aquellas mujeres regresó al departamento al día siguiente… y lo que descubrió hizo que toda la mentira explotara.
