ntht/ Mi marido prometió cambiar después de que le mostré cuánto dinero había gastado manteniéndolo, incluso aceptó firmar un reconocimiento de deuda por 600 mil pesos y consiguió trabajo. Creí que por fin tendría un compañero, no otro dependiente, pero el primer pago nunca llegó. Cuando le pregunté dónde estaba el dinero, bajó la mirada y dijo que se lo había dado a su madre… horas después descubrí que también acababa de comprarse un teléfono nuevo.

PARTE 3

Ella, su marido y Diego, que entonces era adolescente, terminaron instalándose temporalmente en casa de Lourdes.

Lo temporal se convirtió en permanente.

Teresa comenzó a decidir qué se compraba, qué se cocinaba y cómo debía educarse Claudia.

Criticaba todo.

Además, convencía a los demás de que Lourdes era desagradecida.

—Mi mamá aguantó casi un año —contó Claudia—. Hasta que un día les pidió que se fueran.

La respuesta de Teresa fue convertirla en la villana de toda la familia.

Después rompió cualquier contacto.

—Cuando mi mamá enfermó de cáncer, le llamé a mi tía. Mi mamá quería despedirse.

Claudia bajó la mirada.

—Teresa me dijo: “Yo no tengo hermana”.

No acudió al hospital.

Tampoco al funeral.

Mariana salió de aquella cafetería con una certeza dolorosa.

Teresa no había llegado a su hogar por accidente.

Era un patrón.

Entraba diciendo que quería ayudar, ocupaba cada vez más espacio y finalmente convertía a quien ponía límites en una persona cruel y egoísta.

Esa noche Diego regresó después de beber con compañeros.

—¿Dónde estabas? —preguntó apenas entró.

—Haciendo algo que debí hacer hace mucho.

—¿Otra vez investigando a mi mamá?

Mariana lo miró.

—Conocí a Claudia.

Diego se quedó inmóvil.

—¿Quién?

—La hija de tu tía Lourdes.

La cara de Diego cambió.

—No metas a gente extraña en nuestra familia.

—Ella es tu prima.

—Mi mamá dijo que esa gente le hizo mucho daño.

—Tu mamá te mintió toda la vida.

Diego golpeó la mesa con la palma.

—¡Ya basta!

Mariana no se movió.

—No. Lo que se acabó fue otra cosa.

—¿Qué?

—Nuestro matrimonio.

Diego soltó una carcajada nerviosa.

—¿Te vas a divorciar por unas historias de hace 30 años?

—Me voy a divorciar porque durante 2 años me trataste como esposa sólo cuando necesitabas dinero. Cuando tuve que elegir entre tu bienestar y el de tu madre, siempre elegiste a tu madre. Y cuando por fin conseguías un trabajo, tu primer sueldo volvió a irse con ella.

—Es mi mamá.

—Y yo era tu esposa.

Diego intentó disculparse al día siguiente.

No funcionó.

Cuando Teresa supo lo del divorcio, llegó al departamento furiosa.

—Tú no vas a destruir la vida de mi hijo y quedarte tan tranquila.

Mariana tenía el teléfono grabando sobre la mesa.

—No estoy destruyendo nada.

—Vas a retirar esa demanda y ese absurdo reconocimiento de deuda.

—No.

Teresa se acercó.

—Entonces voy a contarle a todos qué clase de mujer eres. Puedo hablar con tu empresa. Puedo decir que engañabas a Diego. Siempre aparecen personas dispuestas a confirmar ciertas cosas.

Diego abrió los ojos.

—Mamá, ¿qué estás diciendo?

—Tú cállate.

Mariana tomó el teléfono.

—Acaba de quedar grabado.

Teresa palideció.

—Además —continuó Mariana—, ya conozco la historia de Lourdes.

Por primera vez desde que la conocía, vio auténtico miedo en su suegra.

—No sabes nada.

—Sé que vivió usted en su casa. Sé que intentó controlar a su familia. Sé que cuando Lourdes puso un límite, la convirtió en enemiga. Y sé que no fue a despedirse cuando estaba muriendo.

Diego miró a su madre.

—¿Es verdad?

—Ella siempre estuvo celosa de mí.

—¿Mamá?

—¡No tengo que darte explicaciones!

Ese grito respondió más que cualquier confesión.

Mariana señaló la puerta.

—Los dos se van.

Diego comenzó a llorar.

—Mariana, dame otra oportunidad.

—Ya te la di cuando firmaste el acuerdo. Y gastaste tu primer sueldo como si nada hubiera pasado.

Teresa tomó su bolsa.

—Vámonos, Diego. Esta mujer quiere ponerte en mi contra.

Entonces Diego dijo algo que Mariana jamás olvidaría.

—No, mamá. Tú nos pusiste en contra desde hace años.

Pero, aun así, salió detrás de ella.

Aquella noche Mariana cambió las cerraduras.

Durante los días siguientes empacó las pertenencias de Diego y contrató un servicio para entregarlas en el domicilio de Teresa. Fotografió cada caja y conservó los comprobantes.