ntht/ Mi hijo me prohibió entrar a su casa porque su prometida le aseguró que yo quería separarlos. Pasé 6 meses intentando advertirle, hasta que una niña de 3 años me encontró llorando y preguntó: “¿Él sabe que usted lo quiere?”.

PARTE 2

Valeria caminó hacia el despacho.

—¿Qué hace ella aquí? —preguntó, mirando a Teresa con desprecio—. Alejandro dejó muy claro que usted no era bienvenida.

Teresa dobló los documentos contra su pecho.

—No vine por ti. Vine por mi hijo.

—Su hijo está celebrando nuestro compromiso. No pienso permitir que vuelva a manipularlo.

Elena tomó a Sofía en brazos. Quería irse, pero Valeria bloqueó la puerta.

—Y tú —le dijo—, ¿por qué entraste al despacho? ¿Quién te dio permiso?

—Mi hija escuchó llorar a la señora.

—Claro. Una niña de tres años decidió investigar secretos familiares.

Sofía escondió el rostro en el hombro de su madre.

Teresa dio un paso al frente.

—No le hables así.

Valeria soltó una risa seca.

—¿Ahora la empleada es su testigo?

Entonces Elena vio algo extraño. Valeria no parecía sorprendida por los documentos. Parecía aterrada.

Teresa también lo notó.

—Sabes lo que tengo, ¿verdad?

Por primera vez, Valeria perdió el control.

—No tienes nada.

Teresa abrió la primera hoja. Eran correos impresos, transferencias bancarias y conversaciones con Grupo Salgado, principal competidor de Montiel Desarrollos. Durante dieciocho meses, alguien había vendido información sobre compras de terrenos, licitaciones y proyectos aún confidenciales.

El nombre de Valeria aparecía en cada operación.

—Daniel Ortega encontró esto en una cuenta alterna —explicó Teresa—. Lleva cuatro años trabajando con Alejandro. Me buscó porque tenía miedo de que nadie le creyera.

Valeria palideció.

—Es falso.

—Entonces no te molestará que Alejandro lo lea.