ntht/ Mi hijo me prohibió entrar a su casa porque su prometida le aseguró que yo quería separarlos. Pasé 6 meses intentando advertirle, hasta que una niña de 3 años me encontró llorando y preguntó: “¿Él sabe que usted lo quiere?”.

—Hay una señora llorando.

Elena escuchó. Detrás de la música y las risas, se oía un sollozo contenido.

—No es asunto nuestro.

Tomó a Sofía de la mano, pero la pequeña se soltó y golpeó tres veces.

La puerta se abrió.

Una mujer elegante, de cabello plateado y ojos enrojecidos, apareció con varios documentos doblados entre los dedos.

Elena la reconoció por una fotografía que limpiaba cada martes.

Era Teresa Montiel, la madre de Alejandro, a quien él había prohibido entrar al edificio desde hacía meses.

—Perdón, señora —dijo Elena—. Mi hija no quiso molestarla.

Teresa miró a Sofía y después a Elena.

—No me molestó. Me encontró.

Luego levantó los documentos y, con la voz quebrada, añadió:

—Acabo de descubrir que la mujer con la que mi hijo va a casarse lo ha estado traicionando desde el primer día.

En ese mismo instante, del otro lado del corredor, Valeria apareció y vio la puerta abierta.

Su sonrisa desapareció.

Nadie podía imaginar lo que estaba a punto de ocurrir.