PARTE 2
Elena llegó al departamento de Teresa con una carpeta llena de fotografías.
—Encontré la casa, Tere. Está preciosa. Tiene 2 recámaras, árboles de limón, una terraza y hasta un cuartito para que pongas tus plantas.
Teresa no pudo sonreír.
—Elena… no puedo poner mi parte.
Su hermana dejó lentamente la carpeta sobre la mesa.
—¿Te pasó algo?
—El dinero sigue ahí.
—Entonces, ¿qué sucede?
Teresa respiró hondo.
—Mariana y Óscar necesitan una camioneta. Dicen que sin ella se les complica todo con Sofía. Les falta justo lo que yo había ahorrado.
Elena permaneció callada unos segundos.
—¿Y ellos decidieron que tú debes abandonar tu sueño para comprarles un coche?
—Mariana dijo que si no los ayudo dejará de traerme a Sofía.
Elena apretó los labios.
—Eso no es pedir ayuda. Eso es chantajearte.
Teresa comenzó a llorar.
—Es mi única hija.
Elena tomó su mano.
—Y tú eres mi única hermana. Si el problema es el dinero, compraré la casa yo. Pediré un pequeño crédito por lo que me falte. Tú podrás ir conmigo siempre.
El alivio de Teresa duró apenas unos segundos.
Todavía faltaba confesar lo peor.
—Mariana también quiere saber a nombre de quién estará.
Elena frunció el ceño.
—Mío, supongo. Si yo la pago…
—Quiere que se la dones.
Elena creyó haber escuchado mal.
—¿Cómo?
—Dice que, como no tienes esposo ni hijos, algún día la heredará. Cree que sería mejor ponerla a su nombre desde ahora.
El rostro de Elena cambió por completo.
—Entonces tu hija quiere tu dinero para comprarse una camioneta y mi dinero para quedarse con una casa.
—Yo no estoy de acuerdo.
—Pero te está obligando a venir a pedírmelo.
Teresa bajó la cabeza.
—Tengo miedo de perder a mi nieta.
Elena estaba a punto de responder cuando escucharon una llave en la cerradura.
La puerta se abrió.
Mariana entró primero.
Detrás de ella apareció Óscar.
—Qué bueno —dijo él con una sonrisa—. Ya están las 2. Así dejamos este asunto arreglado de una vez.
Elena lo observó sin levantarse.
Óscar puso unos documentos sobre la mesa.
—Hasta traje un formato de donación para ahorrarnos vueltas con el notario.
Teresa palideció.
Mariana tomó una pluma y la dejó frente a su tía.
—Solo necesitamos que digas que sí.
Pero Elena no miró la pluma.
Miró a Teresa.
Y entonces hizo una pregunta que nadie esperaba:
—Tere, ¿ellos saben lo que pasó con el departamento de mamá?
El silencio que cayó sobre la cocina hizo que Mariana dejara de sonreír.
Porque aquel viejo departamento escondía algo que Elena nunca había contado… y podía cambiar por completo quién tenía realmente algo que perder.
—¿Qué departamento? —preguntó Mariana.
Teresa levantó lentamente los ojos hacia su hermana.
—Elena…
—Ya es suficiente, Tere.
Óscar se cruzó de brazos.
—No entiendo qué tiene que ver una propiedad vieja con esto.
Elena abrió su bolso y sacó un sobre amarillo.
—Tiene que ver con todo.
Mariana miró a su madre.
—¿De qué está hablando?
Teresa parecía querer desaparecer.
Después de la muerte de sus padres, muchos años atrás, las 2 hermanas habían heredado un pequeño departamento en la colonia Portales. Elena vivía entonces en Querétaro por motivos de trabajo, mientras Teresa atravesaba una etapa económica difícil con su esposo.
Elena pudo exigir que se vendiera y quedarse con su mitad.
No lo hizo.
Renunció legalmente a su parte para que Teresa y su familia conservaran un techo.
Mariana tenía apenas 9 años.
—Ese departamento donde creciste —dijo Elena— también era mío.
Mariana parpadeó.
—¿Y?
—Y se lo cedí a tu madre sin pedirle un solo peso.
Óscar soltó una pequeña risa.
—Pues fue decisión suya.
—Exactamente.
Elena lo miró fijamente.
—Fue mi decisión. Nadie me amenazó. Nadie utilizó a una niña para obligarme. Nadie me dijo que si no entregaba mi propiedad dejarían de hablarme.
Mariana se puso roja.
—Nosotros tampoco estamos amenazando a nadie.
