ntht/ Mi esposo me acusó de querer arruinar su carrera cuando supo que presentaría mi propio proyecto para dirigir la facultad, aunque meses antes yo había renunciado a competir para no hacerle sombra. Fingí no saber nada y trabajé en silencio durante dos semanas. Pero la víspera de la presentación, la rectora me llamó a su oficina y abrió un correo archivado… mi marido había recomendado en secreto que no me dieran cargos importantes porque, según él, “mis responsabilidades familiares eran demasiado grandes”.

PARTE 3

“¿Dónde está el café?”

Entonces miró a los estudiantes.

Y empezó.

—Durante años hemos pensado que una Facultad de Humanidades debe enseñar a interpretar el mundo. Yo creo que también debe enseñar a participar en él.

La primera diapositiva mostró el proyecto de un Centro Universitario de Narrativas y Medios Digitales.

Mariana explicó que los alumnos podrían desarrollar revistas, pódcasts, proyectos editoriales, investigación aplicada y contenidos culturales.

Después presentó cartas de intención de tres editoriales de Puebla y Ciudad de México interesadas en recibir practicantes.

Había contactado a una estación de radio universitaria para realizar colaboraciones.

Había diseñado un programa de acompañamiento laboral para egresados.

Había conseguido una propuesta preliminar de patrocinio para equipar un pequeño estudio multimedia sin cargar todo el costo al presupuesto universitario.

No estaba prometiendo sueños.

Tenía cifras.

Fechas.

Responsables.

Metas trimestrales.

Incluso había calculado cuánto costaría cada etapa durante tres años.

Cuando terminó, nadie habló durante dos segundos.

Después comenzaron los aplausos.

No fueron estruendosos inmediatamente.

Primero surgieron de los estudiantes.

Luego de algunos profesores.

Después prácticamente todo el auditorio estaba aplaudiendo.

Mariana miró hacia la primera fila.

Laura no sonreía.

Pero asentía.

Diego, en cambio, tenía la mandíbula apretada.

Durante la sesión de preguntas, un estudiante levantó la mano.

—Doctora Mariana, ¿por qué nunca había presentado algo así antes?

La pregunta la tomó desprevenida.

Pudo haber contado todo.

Pudo haber dicho que durante años había priorizado la carrera de su esposo.

Pudo haber mencionado el correo.

Pudo humillarlo delante de todos como él la había humillado en aquella fiesta.

No lo hizo.

—Porque a veces uno tarda demasiado en darse permiso para ocupar espacio —respondió—. Pero nunca es tarde para empezar.

Hubo otro aplauso.

Esta vez Diego ni siquiera fingió.


El resultado no se decidió por una simple votación popular.

El Consejo Académico tenía el cuarenta por ciento de la evaluación, Rectoría otro treinta y el resto correspondía a representantes docentes y estudiantiles.

Los proyectos también habían sido revisados previamente por viabilidad financiera.

Una hora después, Laura subió al escenario con un sobre.

—La evaluación final arroja 88 puntos sobre 100 para el proyecto de la doctora Mariana Hernández y 64 para el proyecto del doctor Diego Salazar.

Mariana sintió que Fernanda, sentada al fondo, se llevaba ambas manos a la boca.

—Por decisión del Consejo y Rectoría —continuó Laura—, el nombramiento definitivo para la Dirección de la Facultad de Humanidades será otorgado a la doctora Mariana Hernández.

El auditorio estalló en aplausos.

Mariana permaneció inmóvil.

Había imaginado muchas veces aquel momento durante las últimas dos semanas.

Pensó que sentiría deseos de mirar a Diego.

De comprobar su derrota.

De disfrutarla.

Pero no.

Lo primero que sintió fue tristeza.