ntht/ Mi esposo empezó a quitar dinero de nuestra casa porque, según él, su hijo “necesitaba terapia urgente”, mientras nuestra bebé esperaba cosas básicas que ya no podíamos comprar. Cuando le reclamé, me acusó de competir con un niño y decidí dejar de preguntar. Pero justo cuando estaba a punto de aceptar que yo era la egoísta, el pequeño mencionó inocentemente que su mamá pronto se mudaría con “el amigo que arregla la casa”… a un departamento que alguien ya estaba pagando.

PARTE 2

Durante semanas, Mariana trató de convencerse de que estaba exagerando.

En abril, Paola invitó a Daniel y a Mariana al festival de primavera de la escuela de Santiago. El niño cantó con el coro, corrió con sus compañeros, se cayó jugando futbol, se levantó riéndose y siguió corriendo como si nada.

Mariana lo observó desde la ventana de la cocina.

No parecía un niño destruido emocionalmente.

Cuando encontró a Paola acomodando platos, decidió preguntar con cuidado.

—Daniel me dijo que Santiago está pasando por una etapa complicada.

Paola se quedó quieta.

Después bajó la voz.

—En público no se nota. En la noche se despierta llorando. Tiene pesadillas. El psicólogo dice que debemos ser pacientes.

Lo dijo con tanta fragilidad que Mariana terminó sintiéndose culpable.

Esa misma noche incluso se disculpó con Daniel.

—Tal vez fui demasiado desconfiada.

Él la abrazó.

Mariana dejó de preguntar.

Dos meses después descubrió que Paola había contado otra versión de aquella conversación. Una conocida le preguntó casualmente si era cierto que ella había “interrogado” a Santiago para investigar la vida privada de su mamá.

Después, la hermana de Daniel comenzó a responderle con frialdad.

Poco a poco, Mariana quedó convertida ante la familia en la segunda esposa celosa que quería separar a un padre de su hijo.

Entonces ocurrió algo inesperado.

Una tarde Daniel no pudo recoger a Santiago y le pidió a Mariana que lo llevara a su casa.

El niño subió al coche comiendo galletas y hablando sin parar.

Entre historias sobre videojuegos y futbol soltó una frase:

—Mauricio dice que cuando nos cambiemos al departamento nuevo voy a tener una recámara grandísima y balcón.

Mariana casi se pasó un semáforo.

—¿Quién es Mauricio?

—Un amigo de mi mamá. Va mucho a la casa. Arregla cosas.

El niño siguió hablando como si no hubiera dicho nada importante.

Esa noche Mariana quiso preguntarle a Daniel, pero recordó todas las acusaciones contra ella y decidió esperar.

Hasta que días después mencionó el nombre mientras cenaban.

Daniel levantó la mirada inmediatamente.

—Nunca he escuchado hablar de ningún Mauricio.

Llamó a Paola delante de Mariana.

La respuesta fue explosiva.

Paola aseguró que Mariana había vuelto a interrogar al niño, que Santiago estaba asustado y que quizá sería mejor limitar durante un tiempo las visitas.

Daniel colgó y se pasó las manos por el rostro.

—No sé a quién creerle.

Mariana sintió que se le helaba el cuerpo.

—¿De verdad crees que obligué a un niño de nueve años a contarme algo? Él lo dijo mientras comía galletas.

Daniel no respondió.

Dos meses después llegó el cumpleaños de Santiago.

Entre los invitados había un hombre de unos cuarenta años arreglando una bisagra del balcón.

Paola lo presentó con naturalidad.

—Él es Mauricio. Me ayuda con algunas cosas de la casa.

Todo parecía normal hasta que alguien comentó que ese balcón necesitaba una remodelación.

Mauricio sonrió y, sin pensar, respondió:

—Ya ni vale la pena gastar aquí. Cuando nos mudemos al nuevo depa vamos a dejar todo como queremos…

Se detuvo.

Paola lo miró como si acabara de darle una bofetada.

Daniel dejó lentamente su taza sobre la mesa.

Y entonces preguntó:

—¿Qué departamento nuevo?

Paola palideció.

La respuesta que estaba a punto de dar explicaría dónde habían terminado meses de dinero, mentiras y acusaciones.

Y Mariana supo que, después de esa noche, ninguno de ellos podría fingir que todo seguía igual.