La camioneta que Carmen presumía que comprarían para Mariana no sería realmente de Mariana. El plan consistía en obtener un crédito con el historial de mi hija, registrarla como titular y permitir que Carmen la utilizara. Mauricio había alterado recibos de nómina y colocado una firma falsa como aval.
—¿Para qué harían algo así? —preguntó Mariana, con la voz rota.
Paola conectó la memoria a una computadora.
En el primer audio se escuchaba a Carmen:
—Cuando autoricen la camioneta, Mariana se va a emocionar y firmará lo que falte. Verónica seguirá pagando la escuela, así que la niña no va a revisar sus estados de cuenta.
Después habló Mauricio:
—Y si Verónica se queja, Mariana la va a poner en su lugar. Ya la convenciste de que su mamá es una mediocre.
Mi hija se cubrió la boca.
La grabación continuó.
—Solo cuida que no descubra lo de la tarjeta —dijo Mauricio—. Verónica revisa cada peso.
Carmen respondió riendo:
—Por eso usamos a Mariana. A su hija nunca le dice que no.
El silencio posterior fue tan pesado que incluso las personas de las otras mesas dejaron de fingir que no escuchaban.
Mariana se volvió hacia su padre.
—¿Me usaron?
—No fue así —balbuceó Mauricio—. Queríamos darte algo mejor.
—¿Algo mejor para quién? —pregunté—. La camioneta iba a quedar a su nombre y Carmen la usaría.
Carmen cruzó los brazos.
—Todos nos beneficiábamos.
