Miré los documentos.
De las aproximadamente 260 hectáreas originales, mi abuelo seguía siendo dueño de unas 80.
Las otras 180, incluyendo la casa, los corrales y el acceso principal, aparecían registradas a mi nombre.
Daniel Hernández.
Mi papá se levantó furioso.
—¡Te aprovechaste de un anciano para robarle sus tierras!
Mi mamá señaló el documento.
—Voy a impugnar todas esas escrituras.
El lunes solicitaremos medidas judiciales.
Sentí que me temblaban las manos.
Entonces recordé la lata roja.
La traje del dormitorio y vacié las 11 arandelas sobre el mapa.
Cada pieza tenía una clave.
Cada clave coincidía con un terreno.
La última decía CASA.
Mi mamá se quedó inmóvil.
Y justo cuando iba a hablar, Sofía encontró otra hoja dentro de la carpeta del abogado.
Era una copia de la revocación del poder notarial de nuestra madre.
Tenía fecha de 6 años atrás.
Y junto al comprobante de notificación aparecía la firma de Patricia.
Mi mamá conocía aquel documento.
O, al menos, había firmado que lo recibió.
Parte 3
Mi mamá intentó arrebatarle la hoja a Sofía.
