PARTE 2
La sonrisa de Fernanda desapareció.
—Papá, ¿qué significa esto?
Rogelio se acomodó el saco y avanzó hacia la mujer que encabezaba el grupo.
—Debe haber un error. Soy el propietario autorizado. Mi hija Fernanda recibió esta residencia por cesión familiar.
La notaria mostró su identificación.
—Licenciada Camila Paredes, representante del fideicomiso Alcázar-Ortega. Esta casa no pertenece al señor Rogelio Ortega ni puede ser cedida por la coronel Mariana Ortega.
Julián dejó de grabar con el celular.
—Tenemos escrituras.
Camila recibió la carpeta que Rogelio agitaba y revisó las primeras páginas.
—Tienen una copia alterada de un expediente cancelado hace 7 años.
Teresa se llevó una mano al pecho.
—Eso no puede ser.
—La residencia fue adquirida mediante un fideicomiso irrevocable creado por Mariana Ortega y Daniel Alcázar. Ningún beneficiario puede venderla, donarla ni hipotecarla sin la autorización conjunta de 3 administradores.
Rogelio palideció.
—El licenciado Valdés validó todo.
—El señor Valdés no es notario desde hace 4 años —respondió Camila—. Fue detenido esta madrugada por falsificación, suplantación de funciones y fraude inmobiliario.
El fotógrafo bajó lentamente la cámara.
Los trabajadores de mudanza comenzaron a mirarse entre sí.
Fernanda apretó los dientes.
—Mariana hizo esto para humillarnos.
Una camioneta gris dobló la esquina.
Mariana descendió vestida de civil. Llevaba pantalón oscuro, camisa blanca y la brújula de Daniel sobre el pecho.
No necesitaba uniforme para imponer presencia.
Rogelio caminó hacia ella.
—¿Qué hiciste?
—Protegí lo que compré.
—¡Me tendiste una trampa!
—No. Tú falsificaste una cesión y llegaste con camiones. Yo solo dejé que mostraras hasta dónde estabas dispuesto a llegar.
Fernanda señaló las cajas.
—Nos dejaste gastar más de 300,000 pesos en mudanza, decoración y anticipos.
—Sí.
—¿Por qué, neta?
—Porque necesitaba comprobar que no era una amenaza vacía. Querían tomar posesión, cambiar cerraduras y retirar bienes. Ahora hay testigos, facturas y cámaras.
Julián intentó alejarse, pero 2 agentes bloquearon la banqueta.
—Señor Julián Cárdenas, necesitamos que permanezca aquí.
—Yo no firmé nada.
Camila encendió una tableta.
—Pero ordenó sacar 6 pinturas, una caja fuerte, joyería y documentos del despacho durante las últimas 3 semanas.
Fernanda se quedó inmóvil.
Mariana ya había visto las grabaciones.
El sistema de seguridad no dependía de las cámaras visibles. Daniel había instalado servidores externos, sensores en los marcos y copias automáticas fuera de la propiedad.
En los videos aparecía Teresa guardando anillos en una bolsa de supermercado.
Aparecía Rogelio entregando su credencial al falso notario.
Aparecía Fernanda practicando la firma de Mariana en una libreta.
Y aparecía Julián fotografiando estados de cuenta.
—Esto se resuelve en familia —dijo Rogelio, bajando la voz—. No tenías que llamar a las autoridades.
—También era un asunto familiar cuando me expulsaste de mi propia casa.
Fernanda empezó a llorar.
—Yo creí que papá tenía derecho a decidir.
Camila reprodujo un audio.
La voz de Fernanda se escuchó clara:
—Haz la firma más larga. Mariana siempre termina con una raya hacia arriba. Si queda idéntica, nadie va a revisar.
El llanto se detuvo de golpe.
Julián la miró con desprecio.
—Me dijiste que ella había aceptado.
—Tú sabías todo —respondió Fernanda—. ¡Tú necesitabas la casa!
