Graciela levantó la barbilla.
—Después de todo lo que he sacrificado por mi hijo, merezco disfrutar un poquito.
Yo asentí lentamente.
—Perfecto. Entonces usted puede pagarla.
—¡No tengo esa clase de dinero!
—Yo tampoco voy a regalarle mi trabajo.
El gerente se acercó discretamente.
—Disculpen. Necesitamos resolver el pago de la cuenta.
Diego se frotó la frente.
—Natalia, por favor. Hablemos como adultos.
Saqué quinientos pesos en efectivo y los coloqué sobre la mesa.
—Esto cubre mi ensalada y mi agua. El resto corresponde a lo que ustedes ordenaron.
Cuando me levanté, Diego me sujetó del antebrazo. Lo solté inmediatamente.
—No vuelvas a tocarme.
Varias personas voltearon.
Diego retrocedió.
—Vas a arrepentirte de esto.
—Probablemente me arrepienta de muchas cosas, pero no de dejar de mantenerte.
Me dirigí hacia la salida.
Entonces escuché a Graciela decir algo que me obligó a detenerme.
—¡Diego, dile que no puede dejarnos sin dinero después de que ya hablaste con el asesor sobre su departamento!
Sentí un escalofrío.
Me volví lentamente.
—¿Qué asesor?
Diego bajó los ojos.
Su madre comprendió demasiado tarde lo que acababa de revelar.
—¿Qué estaban planeando hacer con mi departamento? —pregunté.
Diego guardó el teléfono con manos temblorosas.
—Natalia, hay algo que todavía no sabes.
Y cuando finalmente comenzó a explicarlo, comprendí que la camioneta era solamente una parte de una traición mucho mayor.
PARTE 3
—Pensábamos pedirte que vendieras el departamento —confesó Diego, sin atreverse a mirarme directamente.
Por un instante creí haber escuchado mal.
—¿Qué acabas de decir?
Doña Graciela se adelantó.
—¡No lo pongas así, Dieguito! No íbamos a obligarla. Solamente queríamos hacerle entender lo conveniente que sería para todos.
Me quedé inmóvil.
Mi departamento.
Aquel por el que había trabajado fines de semana, rechazado vacaciones y pasado años cuidando cada peso.
El lugar donde había aprendido a vivir sola, donde había celebrado mi primer ascenso y donde mi padre me había ayudado a instalar los muebles antes de fallecer.
Ellos habían estado planeando venderlo.
—Explíquense —exigí.
