Sentí que se cerraba algo dentro de mí.
Ahí estaba la respuesta.
Su orgullo valía más que mi tranquilidad.
Su imagen de empresario valía más que mis madrugadas trabajando.
Y sus sueños siempre tenían prioridad sobre los míos.
—No quiero seguir así —dije.
Diego se dejó caer en una silla.
Durante unos segundos pareció verdaderamente abatido.
—¿Ya no me amas?
Me tomó tiempo contestar.
—Creo que dejé de reconocerme a mí misma tratando de demostrarte que te amaba.
Él se cubrió el rostro.
Después de una larga conversación, aceptó pasar unos días en casa de su madre mientras organizábamos nuestra separación con ayuda profesional.
Antes de irse, se detuvo junto a la puerta.
—Si me voy, ya no voy a regresar para pedirte perdón.
—No te estoy pidiendo que regreses.
Se marchó sin despedirse.
Cerré la puerta.
Y entonces sí lloré.
No por la camioneta, ni por los seiscientos ochenta mil pesos.
Lloré por aquella Natalia de veintinueve años que había conocido a un hombre lleno de sueños y creyó que acompañarlo significaba olvidarse de los propios.
Lloré por las vacaciones canceladas.
Por las noches trabajando hasta la madrugada.
Por las veces que le pedí a mi madre que no me invitara a comer porque Diego necesitaba dinero para otro proyecto.
Sobre todo, lloré porque finalmente comprendí que había estado completamente sola dentro de mi matrimonio.
Al día siguiente pedí vacaciones en el trabajo.
No para viajar.
Para ordenar mi vida.
Mi primera cita fue con Marisol.
Llevé estados de cuenta, comprobantes de transferencias y el contrato de compraventa del departamento.
También revisamos las cuentas compartidas y el financiamiento del vehículo.
El contrato de la camioneta estaba exclusivamente a nombre de Diego.
Yo no había firmado como aval ni como obligada solidaria.
Fue un alivio enorme.
Marisol me explicó que no tenía por qué asumir automáticamente una deuda personal que no había contratado, aunque debíamos revisar todos los documentos y las circunstancias matrimoniales.
También iniciamos los trámites correspondientes para el divorcio.
