Arrojó la ecografía al piso.
—Quiero el divorcio
Me agaché lentamente
Recogí la hoja antes de que su zapato la alcanzara.
— ¿Vas a dejarme explicarte?
—No necesito explicaciones
Su madre tampoco me llamó para preguntar.
Su familia recibió inmediatamente la versión de Santiago.
Dos meses después firmamos el divorcio.
Yo ya tenía diez semanas de embarazo.
Me marché a Mérida.
Él nunca supo que en aquella hoja no aparecía un bebé.
Aparecían tres
En el avión, Santiago pidió un café.
—Siempre te gustó hacerte la fuerte —comentó—. Pero cinco años sola es mucho tiempo.
Cerré mi carpeta
—Que yo haya guardado silencio no significa que mi vida se haya detenido.
Frunció el pliegue
No volvió a preguntar.
