Mi esposo insistió durante semanas en que interrumpiera mi embarazo y finalmente me dejó sola esperando en una clínica. “Después tendremos otro hijo”, prometió. A las 11:20 pregunté la hora a la joven sentada junto a mí. Al reconocer su cara, sentí que me faltaba el aire. Ella aparecía en una foto secreta de mi marido, pero lo que llevaba en su carpeta era aún más inquietante. Advertisements

  • Se llamaba Valeria. Era asesora inmobiliaria y tenía un departamento propio en Narvarte.
  • Con ayuda de su perfil profesional público, conseguimos contactarla.
  • Al principio creyó que éramos dos mujeres intentando perjudicar a Diego.
  • Pero cuando le envié nuestra fotografía de boda y Elena le mostró algunos mensajes, aceptó encontrarse con nosotras esa misma tarde.
  • Nos vimos en una cafetería de la colonia Roma.
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  • Valeria llegó con el rostro endurecido.
  • —Diego me dijo que era soltero —soltó sin sentarse—. Llevamos tres meses juntos.
  • Después confesó que él planeaba mudarse a su departamento y que ella había pagado unas vacaciones para ambos en Cancún.
  • Además, le había prestado noventa mil pesos para invertir en un supuesto negocio de construcción.
  • Me quedé sin palabras.
  • Diego había conseguido dinero, alojamiento y regalos de tres mujeres distintas.
  • Valeria abrió su teléfono.
  • —Ayer me pidió que le prestara más dinero. Cuando me negué, me mandó un audio. No entendí lo que quiso decir, pero ahora todo tiene sentido.
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  • Presionó reproducir.
  • Escuché claramente la voz de mi esposo.
  • —Primero tengo que quitarme de encima a Mariana y a Elena. Después, lo del departamento será mucho más sencillo.
  • Elena empezó a temblar.
  • Yo miré a Valeria.
  • —¿Qué significa lo del departamento?
  • Ella tragó saliva, abrió una carpeta que llevaba en su bolso y colocó varios documentos sobre la mesa.
  • —Significa que Diego no solamente estaba jugando con nuestros sentimientos. Estaba preparando algo que podía dejarme sin los ahorros de toda mi vida.
  • PARTE 3
  • Valeria extendió los documentos sobre la mesa mientras Elena y yo nos inclinábamos para leerlos.
  • Eran copias de un proyecto de poder notarial y una propuesta de financiamiento por seiscientos mil pesos.
  • —Diego quiere abrir una empresa de materiales para construcción —explicó Valeria—. Me dijo que un socio suyo conseguiría el capital, pero necesitaban una garantía temporal.
  • Señaló una cláusula del documento.
  • —Quería que le otorgara un poder para realizar operaciones sobre mi departamento. Me aseguró que era un trámite sin riesgos.
  • Sentí que la sangre me hervía.
  • —¿Ya firmaste algo?
  • —No. Pensábamos acudir con un notario el viernes. Pero cuando le pedí que me explicara por qué necesitaba facultades tan amplias, se molestó.
  • Afortunadamente, aquellos documentos eran solamente borradores. Valeria no había firmado el poder ni autorizado ninguna operación sobre su propiedad.
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