La hija de 5 años de mi empleada señaló mi nuca y dijo: “Señor, tiene algo debajo de la piel”. Mi prometida intervino de inmediato: “Solo es una cicatriz vieja, cariño”. Después de 3 años sufriendo constantes lagunas de memoria, pedí que me examinara un médico independiente y exigí mi historial clínico completo. Entonces apareció un correo que yo mismo había enviado 2 años antes… y su contenido contradecía lo que figuraba en mi expediente médico.

  • Parte 1
  • —Tiene algo en el cuello, señor.
  • La voz de Nora, una niña de apenas 5 años, me hizo detenerme en medio de la sala.
  • Me había inclinado para recoger su elefante de trapo debajo de una mesa cuando sentí que alguien señalaba mi nuca.
  • —Parece una piedrita que tiene guardada debajo de la piel —añadió.
  • Su madre, Lourdes Heredia, dejó de recoger las tazas.
  • Mi prometida, Amalia Roldán, se levantó inmediatamente del sillón.
  • —Nora, no señales a las personas.
  • Es una cicatriz antigua.
  • Quise reírme de la ocurrencia de la niña, pero un dolor punzante me atravesó la cabeza.
  • Me sujeté del respaldo de una silla.
  • Durante unos segundos olvidé por qué estaba de pie.
  • Aquello llevaba 3 años ocurriéndome.
  • Me llamo Leandro Arjona.
  • Soy propietario de empresas navieras y de transporte con operaciones en distintos puertos de México.
  • Desde mi residencia en las afueras de Veracruz podía autorizar movimientos de mercancías por millones de dólares.
  • Sin embargo, había mañanas en que ni siquiera recordaba una conversación de la noche anterior.
  • Todo comenzó después de un accidente durante una inspección nocturna en el puerto.
  • Resbalé sobre una pasarela húmeda, me golpeé la cabeza y sufrí una lesión cervical.
  • Los médicos me aseguraron que no existían complicaciones graves inmediatas.
  • Pero los dolores continuaron.

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