- Ajusta la sazón y termina. Retira la ramita de tomillo y la hoja de laurel. Prueba la salsa y sazona con sal y pimienta al gusto. Agrega el perejil fresco justo antes de servir para conservar su frescura y color. Remueve suavemente y deja reposar el plato unos instantes fuera del fuego: la salsa se integrará y los sabores se equilibrarán aún más.
Consejos prácticos
- Para lograr un color perfecto en la carne: la olla y el aceite deben estar bien calientes antes de añadir la carne. Seca bien los cubos con papel de cocina y evita apretarlos demasiado. Una olla demasiado llena reduce el calor y hace que la carne se cocine en sus propios jugos en lugar de dorarse correctamente. Deja que cada lado adquiera un buen color antes de darles la vuelta. Este paso no solo sirve para conseguir un color bonito, sino que también crea los jugos que darán sabor a la salsa mientras se cocina a fuego lento.
- Para evitar grumos de harina: espolvorea la harina uniformemente y mézclala bien con la carne y sus jugos antes de añadir el caldo. Agrega el líquido gradualmente, revolviendo constantemente al principio. Una pequeña cantidad de caldo creará una base suave; el resto se incorporará más fácilmente. Si la salsa espesa demasiado rápido, reduce el fuego y continúa revolviendo suavemente.
- Para lograr una salsa rica: dora bien la carne y cocina la pasta de tomate. Desglasa la sartén con el caldo, raspando el fondo para despegar los restos dorados, y deja que la salsa se reduzca lentamente, tapada. Cocinar a fuego lento concentra los sabores sin resecar la carne. La salsa debe quedar brillante, suave y lo suficientemente espesa como para cubrir los cubos de carne y las verduras.
