Después de 16 años de matrimonio, mi esposo me obligó a devolverle las tarjetas, las joyas y hasta el anillo. “¡Te vas sin un centavo y terminarás en la calle!”, gritó. Yo acepté sin discutir y salí con una maleta vieja. Él celebró haberme dejado sin nada, sin imaginar que el verdadero peligro para su fortuna de 80 millones estaba escondido entre mis suéteres…
—¡Señora Verónica! Precisamente estamos cenando con Héctor. Qué sorpresa.
Hice que mi voz temblara.
—Necesito ayuda. Héctor canceló mis tarjetas. No tengo suficiente dinero para quedarme aquí.
Bernardo soltó una risita.
—Su esposo está muy molesto. Dice que usted debe aprender a valorar lo que tiene.
—¿Podrías pedirle que me transfiera cinco mil pesos?
—Lo siento. Las instrucciones fueron claras. Cuando esté dispuesta a disculparse, quizá podamos hablar.
La llamada terminó.
Me quedé mirando la pantalla.
Estaban celebrando.
Héctor estaba convencido de que yo no sabía sobrevivir sin él.
Aquello me daba una ventaja.
A la mañana siguiente tomé un taxi hacia un despacho jurídico en la zona de Providencia.
Había solicitado una cita con Margarita Torres, una abogada especializada en asuntos patrimoniales y litigios empresariales.
Era una mujer cercana a los cincuenta años, de cabello oscuro y expresión severa.
—Señora Verónica —comenzó—, si firmó capitulaciones matrimoniales bajo separación de bienes, no puede simplemente exigir la mitad de todo lo que posee su esposo.
—Lo sé.
—Podemos estudiar una compensación por los años dedicados al hogar, además de los bienes que legalmente le correspondan. Pero necesito conocer su situación.
Coloqué cinco documentos sobre su escritorio.
Margarita leyó el primero sin demasiado interés.
Con el segundo frunció el ceño.
Al llegar al tercero, se inclinó hacia adelante.
—¿De dónde consiguió esto?
—De los archivos administrativos que Héctor guardaba en casa. Conozco sus operaciones desde hace años.
—¿Usted entiende estos movimientos?
—Soy economista. Antes de casarme trabajé en análisis financiero.
La abogada pasó otra página.
—Aquí hay transferencias por catorce millones de pesos hacia una compañía relacionada con la hermana de Bernardo.