—Que aunque todos decían que era imposible, tú regresaste conmigo.
Gabriel lo abrazó con fuerza.
Había pasado meses buscando una explicación para lo que su hijo escuchó aquel día.
Quizá nunca la encontraría.
Pero tenía una certeza que ninguna investigación podía cambiar.
Valeria estaba viva porque Mateo no dejó de insistir.
Y porque, cuando llegó el momento de elegir entre aceptar una verdad aparentemente definitiva o escuchar a su hijo, Gabriel decidió comprobarla.
Esa noche, antes de dormir, Valeria encontró una nota doblada sobre su almohada.
Era de Mateo.
«Mamá, si alguna vez vuelves a llamarme, siempre voy a escucharte».
Valeria la guardó en el cajón junto a su cama.
Después apagó la luz, tomó la mano de Gabriel y durmió tranquila por primera vez en muchos meses.
