—¿Por qué?
La médica miró hacia el ataúd abierto.
—Porque encontramos pulso.
Débil, pero real.
Mateo comenzó a llorar.
Sin embargo, mientras los paramédicos preparaban la camilla, Gabriel vio algo que le heló la sangre.
Rodrigo acababa de subir a su camioneta.
Y estaba intentando escapar.
Parte 2: —¡Detengan esa camioneta! —gritó Gabriel.
Los policías interceptaron a Rodrigo antes de que alcanzara la salida del panteón.
Le ordenaron permanecer en el lugar para identificarlo y esclarecer su participación en los trámites funerarios.
Mientras tanto, Valeria fue trasladada al Hospital General de Querétaro.
Gabriel subió a la ambulancia y dejó a Mateo con su abuela.
Su esposa tenía respiración extremadamente superficial, una frecuencia cardiaca peligrosamente baja y una temperatura corporal por debajo de lo normal.
Los médicos iniciaron medidas de estabilización y ordenaron estudios urgentes.
Horas después, una especialista de terapia intensiva pidió hablar con Gabriel.
—Su esposa permanece en estado crítico, pero hay algo que necesitamos investigar.
Encontramos indicios de que pudo haber estado bajo los efectos de sustancias capaces de provocar una inmovilidad profunda.
—¿Me está diciendo que la drogaron?
—Es una posibilidad.
Todavía necesitamos los resultados toxicológicos.
Gabriel sintió una presión insoportable en el pecho.
—Pero los paramédicos dijeron que había muerto.
La doctora guardó silencio unos segundos.
—Estamos revisando exactamente cómo se certificó su fallecimiento.
Una situación así requiere una investigación médica y legal completa.
Gabriel recordó que Rodrigo había intervenido en cada decisión después de aquella madrugada.
Incluso había insistido en que no se realizara una necropsia.
—¿Qué pasa con la funeraria? —preguntó.
—Eso también deberá aclararse.
Hasta ahora no encontramos evidencia de que se le haya practicado un embalsamamiento químico.
Gabriel recordó las palabras del encargado funerario, quien le había asegurado que el cuerpo estaba preparado conforme a todos los procedimientos.
Aquello no tenía sentido.
Más tarde llegó una agente de la Policía de Investigación, la comandante Elena Robles.
—Necesitamos conocer los últimos movimientos de su esposa y las personas que estuvieron con ella antes de que perdiera el conocimiento.
Gabriel explicó la llamada misteriosa, las irregularidades de la clínica y la advertencia sobre Rodrigo.
La investigadora tomó notas.
—¿Tiene acceso al teléfono de Valeria?
—Está en nuestra casa.
—Necesitaremos asegurarlo y revisar su información con las autorizaciones correspondientes.
A las 10 de la noche, Gabriel recibió una noticia inesperada.
Mateo había encontrado algo dentro de su mochila escolar.
Era un sobre que su madre había escondido allí 4 días antes.
En el frente, escrito con la letra de Valeria, aparecía una instrucción:
«Para Gabriel.
Ábrelo solamente si me sucede algo».
