A los 73 años, Helen volvió a ponerse un vestido de novia y se casó con el hombre al que había amado desde su juventud

Empezaron a hablar. Al principio lo hicieron con cautela, como si temieran alterar los recuerdos del pasado, pero poco a poco comenzaron a confiarse cada vez más cosas.

Recordaron su juventud, los sueños que nunca llegaron a cumplir y la vida que podrían haber compartido. Hablaron de todos aquellos años, de las pérdidas que habían sufrido y de cómo habían terminado tomando caminos tan distintos.

Richard le confesó que nunca se había casado. Helen tampoco tenía ya a una pareja a su lado.

Un día, él le tomó suavemente la mano.

—Helen, hay algo que he querido pedirte durante toda mi vida.

Guardó silencio unos instantes, reuniendo las pocas fuerzas que le quedaban.

—¿Quieres casarte conmigo?

Ella sabía que a Richard no le quedaba mucho tiempo. Aun así, después de tantos años separados, no quería dejar escapar otra oportunidad de estar junto al hombre al que había amado con todo su corazón.

—Sí, Richard —respondió con lágrimas en los ojos.

Unos días después se casaron en la propia habitación del hospital.

No hubo una ceremonia grandiosa, ni ropa lujosa, ni una multitud de invitados. Solo estaban Helen, Richard, una enfermera y el abogado de él, que actuó como testigo de aquel momento extraordinario.

Su matrimonio duró apenas unas semanas.

 

Continúa en la página siguiente.➡️