Me casé con mi paciente cuando los médicos dijeron que solo le quedaban 3 días de vida. Después del funeral, su hermana me entregó una caja y susurró: “Ella quería que la abrieras cuando ya no estuviera”. Dentro había una carta legal y 1.780.000 pesos a mi nombre. Cuando vio la cifra, dejó de verme como quien cumplió su último deseo y hizo una acusación que podía acabar con mi carrera.

Parte 1

Tenía treinta años cuando descubrí que una buena intención podía destruir una carrera con la misma facilidad que una mala decisión.

Me llamo Lucas Hernández y trabajaba como médico en un hospital privado de Guadalajara. Había tardado casi una década en llegar hasta ahí. Mis padres tenían una pequeña ferretería en Tonalá y nunca pudieron pagar una facultad de medicina, así que estudié con un crédito educativo, becas y todo trabajo de fin de semana que encontré.

Aún debía 1.780.000 pesos cuando conocí a Alicia Romero.

 

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