😰😰Mi hijo de 17 años se afeitó la cabeza por su novia, que tenía cáncer. Al día siguiente, su madre me llamó: «Tienes que venir al hospital y ver lo que hizo tu hijo».

—A Lily se le está cayendo el cabello a mechones. Cree que la gente ya no verá en ella nada más que a una chica enferma. Quiero que sepa que su belleza no está en su cabello. Y, sobre todo, quiero que sepa que no tiene que pasar por todo esto sola.

Me sentí inmensamente orgullosa de mi hijo y pensé que ese sería su único gesto de apoyo.

Pero al día siguiente, Diane me llamó. Le temblaba la voz. 😮😮

—Rachel, tienes que venir al hospital.

—¿Lily está bien?

—Está estable… Pero tienes que venir y ver lo que hizo tu hijo. No puedo explicártelo por teléfono. Por favor, ven.

Fui inmediatamente al hospital.

Y lo que vi allí fue completamente increíble. 😮😮😮

Cuando entré en la habitación del hospital, al principio no entendía qué estaba pasando.

Lily estaba sentada en la cama y su madre, Diane, estaba junto a ella.

Las dos estaban llorando.

Pero no eran lágrimas de tristeza.

En la pared de enfrente había una enorme fotografía de Lily, tal como era antes de la enfermedad.

A su alrededor había decenas de fotografías más pequeñas: Lily de niña, Lily en la escuela, Lily con Aaron, su primer paseo juntos, una fiesta escolar y también momentos cotidianos y divertidos.

Y en el centro de la pared, con grandes letras, estaba escrito:

«LILY, TÚ NO ERES TU ENFERMEDAD».

Miré a Diane.

—¿Qué está pasando aquí?

Sin decir una palabra, me entregó su teléfono.

En la pantalla se estaba reproduciendo un video.

Vi a Aaron.

Estaba frente a decenas de pacientes del hospital: niños y adolescentes que también estaban recibiendo tratamiento.

Todos tenían rostros cansados y muchos de ellos no tenían cabello.

Aaron sostenía una gran caja entre las manos.

—Durante mucho tiempo pensamos qué podíamos hacer para que se sintieran al menos un poco mejor —decía en el video—. Y comprendimos que no queríamos limitarnos a decirles: «Sean fuertes».

Abrió la caja.

Dentro había decenas de gorros de colores, gorras y pañuelos.

—Queremos que puedan elegir algo que realmente les guste. No algo para esconder su enfermedad, sino algo que les recuerde quiénes son de verdad.

No podía creer lo que estaba viendo.

Diane sollozó.

—Todo esto lo ideó Aaron.

Pero el video aún no había terminado.

Aaron contó que, después de ver a Lily llorando en el baño del hospital, comenzó a buscar en internet historias de adolescentes que habían pasado por el cáncer.

Y comprendió que muchos de ellos sentían lo mismo.

Soledad.

Entonces decidió hacer todavía más.

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