💖😰“Te pagaré 100 mil pesos, pero tienes que fingir que eres muda delante de mi familia”, me dijo un millonario que necesitaba una prometida falsa. Pensé que sería una cena sencilla y que ese dinero salvaría a mi madre. Sin embargo, sus padres parecían aterrados al verme. Guardé silencio hasta regresar a casa, donde abrí una vieja carta de mi padre fallecido y descubrí una pista que podía destruirlos…
Después de despedirse, Daniela permaneció un largo rato mirando su teléfono.
Recordó cómo Sebastián la había defendido frente a las preguntas de Camila.
Cómo la escuchó hablar de su padre.
Cómo exigió respuestas incluso cuando eso significaba enfrentarse a su propia familia.
También recordó aquella primera noche, cuando le ordenó permanecer callada.
Sebastián había cambiado.
Pero ella también.
Al día siguiente decidió escribirle.
Hola. Mi mamá está mejorando. Pensé que te gustaría saberlo.
La respuesta llegó poco después.
Me alegra muchísimo. ¿Cómo estás tú?
Daniela sonrió.
Aprendiendo a estar bien.
Comenzaron a hablar otra vez.
Primero por mensajes. Después mediante llamadas cortas.
Sebastián nunca le pidió que olvidara lo sucedido. Tampoco intentó atribuirse el mérito de la rehabilitación de Elena ni de la reparación económica.
Cuando Daniela le contó que quería regresar a la universidad, él se alegró.
—Siempre dijiste que te gustaba cuidar de los demás. Creo que serías una gran enfermera.
—Todavía falta mucho.
—No tienes que hacerlo todo mañana.
Aquella frase permaneció en la mente de Daniela.
Había vivido tantos años resolviendo urgencias que casi había olvidado cómo se construía un futuro.
Una tarde lluviosa, al salir de la clínica con los resultados de una evaluación médica, encontró a Sebastián esperándola cerca de la entrada.
No llevaba flores ni regalos costosos.
Solamente estaba allí, bajo un pequeño techo, con la camisa mojada por la lluvia.
—Pude haberte llamado —dijo él cuando se acercó.
—Sí, pudiste.
—Pero quería verte.
Daniela se quedó frente a él.
—¿Para qué?
Sebastián respiró profundamente.
—Para decirte que me enamoré de ti. No por lo que sufriste ni porque quiera salvarte. Me enamoré de la mujer que conocí cuando todavía creía que podía resolverlo todo con dinero.
Daniela sintió que el corazón le latía con fuerza.
—Sebastián, nuestras familias tienen una historia terrible.
—Lo sé.
—Y no va a desaparecer aunque tu padre repare parte del daño.
—También lo sé.
Ella lo miró directamente.
—No quiero que nuestra relación se convierta en una manera de demostrar que todo quedó perdonado.
Sebastián negó con la cabeza.
—Nunca te pediría eso. Si algún día estamos juntos, quiero que sea porque tú lo eliges. No porque me debas algo, ni porque mi familia haya pagado el tratamiento de tu mamá.
Daniela guardó silencio.
La lluvia comenzó a caer con más intensidad.
—Durante mucho tiempo estuve enojada contigo —confesó—. Después me enojé conmigo misma porque seguía pensando en ti.