«Enséñame».
Yegor se sentó junto a ella a la mesa y, por primera vez en su vida, escribió la letra «A».
«Es como una puerta abierta», dijo.
«Sí. Una puerta a un mundo nuevo», sonrió Lyudmila.
Él la miró y respondió en voz baja:
«Ya entré. El día que te conocí».
La continuación de esta historia no necesitaba grandes palabras. A veces, la verdadera felicidad nace donde menos se espera.
