Tres niñas idénticas detuvieron a un padre soltero en Chapultepec y le dijeron: «Nuestra mamá tiene tu mismo tatuaje»

—No me molestaron —dijo él—. Solo quiero saber quién es su madre.

—La señora de la Vega no permitirá esto —soltó la niñera.

El apellido cayó como una piedra.

Los de la Vega eran dueños de hospitales, constructoras y medios de comunicación. Su patriarca, Octavio de la Vega, aparecía en revistas de negocios y tenía fama de borrar cualquier problema antes de que llegara a los periódicos.

Adrián miró a las niñas con más atención.

Las 3 tenían los mismos ojos miel de Camila, pero la forma de la nariz, el hoyuelo izquierdo y aquella manera de fruncir el ceño le resultaban dolorosamente familiares.

Una camioneta negra frenó junto a la banqueta. La niñera abrió la puerta y empujó a las pequeñas al interior.

—Espere —insistió Adrián—. ¿Qué edad tienen?

La niña de en medio alcanzó a contestar:

—Cumplimos 8 el próximo mes.

Adrián sintió que el piso desaparecía.

La puerta se cerró. Mientras la camioneta se alejaba, Regina pegó la mano al vidrio y lo miró con una tristeza impropia de una niña.

Entonces el celular de Adrián vibró.

Era un mensaje de un número desconocido.

“Aléjate de las niñas. Camila eligió su vida. Si vuelves a acercarte, tu hijo pagará las consecuencias”