PARTE 3
Los expedientes revelaban que el padre de Mariana había pagado durante años para mantener a Lucía dentro de un programa privado del hospital.
En una grabación se escuchaba su voz:
—Solo puedo llevarme a una.
Un médico respondía:
—La otra quedará protegida.
Aquello no era protección.
Era una red clandestina que modificaba identidades, intercambiaba recién nacidos y entregaba niños a familias poderosas.
Teresa Bellán aparecía en los archivos.
También César Rivas.
También el padre de Alejandro.
Diego confesó entonces que, a los 17 años, encontró un acta original donde constaba que había nacido en Santa Helena, en el cuarto 214. Su madre legal, Alessandra, se la quitó y dijo que era falsa.
6 meses antes había recibido una carta anónima con el nombre de Teresa. César le ordenó destruirla y aceptar cualquier herencia sin hacer preguntas.
—Pensé que quería protegerme —dijo Diego—. En realidad quería callarme.
Los agentes registraron su departamento y encontraron una fotografía quemada.
En ella, Teresa Bellán sostenía a un recién nacido. A su lado estaba el padre de Alejandro y, reflejada en un espejo, aparecía Alessandra.
La fecha coincidía con el cumpleaños de Diego.
La prueba genética posterior confirmó que Teresa era su madre.
Diego no había robado a Emiliano.
Él también había sido robado.
La rivalidad entre los hermanos se derrumbó de golpe. Durante años ambos pelearon por el cariño de un padre que había convertido sus vidas en piezas de un negocio.
Al amanecer localizaron a Gabriel Ferrer en una residencia médica cerca de Cuernavaca. Había sufrido un derrame y casi no podía hablar.
Durante los últimos 6 meses recibió visitas de una mujer con pañoleta gris.
Las cámaras mostraban un rostro idéntico al de Mariana.
