PARTE 2
Bajé a la cocina para evitar que Teresa despertara a Diego, pero por dentro estaba hirviendo.
Preparé huevos con jamón y hot cakes, lo que tenía planeado desde la noche anterior.
Cuando puse el plato frente a ella, ni siquiera dijo gracias.
—¿Y la avena? ¿La fruta? ¿La leche? ¿Esto es lo que les das a mi hijo y a mi nieto?
Cerré el refrigerador con más fuerza de la necesaria.
—Esto es lo que preparé. Si quiere otra cosa, la cocina está ahí.
Por primera vez, Teresa se quedó sin respuesta.
Tres horas después apareció vestida para salir.
—Voy a llevar a Diego a caminar.
—Primero va a leer un rato. Después pueden salir.
—Está de vacaciones.
—Y yo soy su mamá. Tenemos nuestra rutina.
Su rostro cambió.
—No me permites convivir con mi nieto.
—En una hora puede jugar con él todo lo que quiera.
—Voy a hablar con Mauricio.
—¿Quiere que yo misma le marque?
Eso terminó de encenderla.
—Te crees demasiado importante. Mi hijo prácticamente te recogió de la calle y ahora vienes a mandar hasta en su casa.
Me quedé inmóvil.
—Yo tenía departamento antes de conocer a Mauricio. Tenía trabajo y podía mantenerme sola.
Ella soltó una risa seca.
—Claro. Ahora resulta que todo lo has conseguido tú.
—No todo. Pero, ya que lo menciona, de esta casa yo pagué casi el setenta por ciento.
La expresión de Teresa se transformó.
—¡Sabía que eras una interesada! ¡Todo lo reduces al dinero!
—No. Usted fue quien dijo que su hijo me recogió de la calle.
El resto del día apenas nos dirigimos la palabra.
Cuando Mauricio llegó por la noche, su madre corrió hacia él antes de que yo pudiera saludarlo.
—¡Tu esposa está completamente loca! Me humilló, no me dejó estar con Diego y prácticamente me corrió de la casa.
Mauricio me miró.
Yo no discutí.
Le tendí la mano.
—Dame las llaves del coche.
—Ana…
—Diego y yo regresamos a la ciudad. Tú puedes quedarte aquí y hablar con tu mamá.
Tomé aire.
—Pero escucha bien: si ella viene a esta casa, quiero saberlo antes. Si vuelve a insultarme, no entrará a nuestro departamento. Y no pienso seguir fingiendo que esto es normal.
Teresa abrió la boca, indignada.
Mauricio me entregó las llaves.
Durante el camino de regreso, pensé que tal vez acababa de terminar mi matrimonio.
Pero yo no sabía que, minutos después de irme, Diego había olvidado su mochila y Mauricio la encontró junto al sofá. Dentro estaba el cuaderno donde mi hijo había escrito, con su letra enorme:
“Hoy la abuela despertó a mi mamá cuando todavía estaba oscuro porque quería que le hiciera desayuno. Mi mamá estaba triste.”
Mauricio lo leyó dos veces.
Después miró a su madre.
—¿La despertaste a las cinco de la mañana para que te cocinara?
Teresa intentó justificarse.
Mauricio levantó una mano.
—Y antes de que vuelvas a decir que esta es “mi casa”, mamá, hay algo sobre Ana que nunca te conté.
