PARTE 2
Daniel no enfrentó a Sofía. Durante los siguientes diez días actuó como si solo estuviera cansado. Mientras tanto, guardó capturas de los mensajes sincronizados, descargó los estados de la cuenta compartida y descubrió retiros por más de 38,000 pesos. Parte del dinero había pagado cenas con Sebastián, ropa nueva y una reservación en Puerto Vallarta para dos personas.
También encontró una conversación con Ximena.
—Si Daniel se queda después de que lo rechace, sabré que puedo controlarlo —había escrito Sofía—. Si se va, Sebastián ya me ofreció trabajo en Monterrey.
El golpe más doloroso no fue la infidelidad, sino comprender que Sofía había convertido su amor en una prueba de obediencia.
Daniel abrió una cuenta individual, trasladó únicamente el dinero que podía demostrar que era suyo y consultó al licenciado Ricardo Salgado. El abogado le recomendó documentar cada movimiento y entregar por escrito un plazo razonable para que Sofía dejara el departamento, cuyo contrato estaba solo a nombre de Daniel.
También cambió las contraseñas de sus cuentas personales, canceló una tarjeta adicional y guardó en casa de Mauricio los documentos importantes. No quería castigarla ni dejarla sin recursos; quería impedir que, al sentirse descubierta, pudiera vaciar la cuenta, desaparecer con sus ahorros o acusarlo de algo que no había hecho.
Entonces recibió una llamada de Mariana, la hermana menor de Sofía.
—Mi hermana está desesperada porque no le propusiste —le confesó—. El domingo, después de que se fueron, gritó que habías arruinado “su momento”. No entiendo nada, Daniel.
Él le envió una sola captura.
Mariana guardó silencio.
—Dime que esto no es real.
—Ojalá pudiera.
El sábado siguiente, doña Lucía organizó otra comida familiar. Sofía había dicho que necesitaban “arreglar las cosas” y estaba convencida de que Daniel terminaría proponiéndole matrimonio para compensar su comportamiento.
Cuando todos terminaron de comer, ella se puso de pie, tomó una copa y sonrió.
—Mi familia sabe que Daniel y yo hemos pasado días difíciles, pero él tiene algo importante que decirnos.
Don Ernesto miró a Daniel con esperanza. Doña Lucía se llevó una mano al pecho. Mariana bajó la mirada.
Daniel se levantó despacio, sacó la caja del anillo y la colocó sobre la mesa.
