PARTE 1
—Esta noche Daniel va a pedirme matrimonio. Mira cómo le digo que no delante de todos y lo hago llorar.
Daniel Ramírez se quedó inmóvil en el pasillo del edificio, con dos bolsas del supermercado en las manos y una pequeña caja de terciopelo escondida en la chamarra. Del otro lado de la puerta, Sofía Herrera se reía durante una videollamada con Ximena, su mejor amiga.
Llevaban cuatro años juntos. Compartían un departamento en la colonia Providencia, en Guadalajara, una cuenta para los gastos y planes que, al menos para él, incluían una casa, hijos y domingos en familia. Daniel había ahorrado ocho meses para comprar el anillo. Incluso había ido a Zapopan a pedirle permiso a don Ernesto, el padre de Sofía.
—Bienvenido a la familia, hijo —le había dicho el hombre, abrazándolo.
Daniel entró fingiendo que no había escuchado nada.
—Amor, llegaste temprano —dijo Sofía, cortando la llamada de inmediato.
