El golpe más duro llegó cuando Sebastián, novio de Valeria desde hacía casi 2 años, apareció tomado de la mano de Renata.
—Ya deja de hacerte ilusiones —le dijo—. Estar contigo fue una etapa. Mi papá trabaja con gente que decide quién sube y quién desaparece. Tú no perteneces aquí.
Valeria contuvo el llanto y pidió solamente recuperar su pase. Sebastián sonrió y señaló un salón privado.
—Está adentro. Ve por él, si te atreves.
Elena entró en lugar de su hija. Tres guardias contratados por la familia Alcocer la esperaban para intimidarla. Cinco minutos después, los tres estaban desarmados, sentados contra la pared y llamando nerviosos a sus superiores.
Cuando Elena salió con el pase intacto, el teléfono de uno de ellos sonó en altavoz.
—Señor Alcocer —balbuceó el guardia—, creo que acabamos de amenazar a Elena Salgado.
Hubo un silencio absoluto.
Entonces una voz masculina respondió:
—Cierren la academia. Que nadie se mueva. Si de verdad es ella, todos estamos acabados.
Valeria miró a su madre como si nunca la hubiera visto.
Y todavía no podía creer lo que estaba por pasar…
