—Ya lo estaban haciendo —contesté—. Mauricio llevaba meses exagerando olvidos normales ante mi médico y guardando notas para construir un expediente.
El rostro de Mauricio cambió. Por primera vez dejó de parecer seguro.
—¿Quién te dijo eso?
—Tú mismo, en la grabación.
Abrí el sobre y saqué tres documentos.
—La doctora Elena Robles certificó que estoy plenamente capacitada para decidir. La notaria dejó constancia de que actué sin presión.
Puse el primer documento frente a ellos.
—Mis inversiones quedaron dentro de un fideicomiso destinado únicamente a mi vivienda, mi salud y mis gastos personales.
Coloqué el segundo.
—Si algún día no puedo decidir por mí misma, no serán ustedes quienes administren nada. Lo hará una institución profesional supervisada legalmente.
Finalmente puse el tercero.
—Y éste es mi nuevo testamento. La mayor parte de lo que quede será para un hospital infantil de Jalisco, un banco de alimentos y una asociación que protege a adultos mayores víctimas de abuso patrimonial.
Emiliano se levantó tan rápido que la silla cayó hacia atrás.
—¡Nos estás robando!
—No se puede robar lo que nunca fue tuyo.
—¡Soy tu nieto!
—Y yo era tu abuela cuando me pediste que muriera.
Verónica lloraba en silencio, pero aun entonces vi algo que me dolió más que sus lágrimas: seguía mirando los papeles, no mi rostro.
—Mamá, sin tu ayuda perderemos la casa.
—La casa cuyo enganche y mensualidades he pagado durante ocho años.
—Tenemos deudas —dijo ella.
—Yo también tengo un futuro. Ustedes decidieron que, por tener 66 años, ya no valía la pena protegerlo.
Mauricio cerró la carpeta.
—Esto es una reacción emocional. Cuando te calmes, entenderás que estás destruyendo a tu familia.
—No. Estoy dejando de financiar a las personas que destruyeron la idea que yo tenía de familia.
Me puse de pie.
—Las transferencias mensuales terminaron esta mañana. También cancelé las tarjetas adicionales, el pago de la colegiatura y el seguro del auto de Emiliano. El vehículo está a mi nombre, así que deberán entregarlo el lunes.
—¡Ni loco! —gritó él.
—Entonces presentaré la denuncia correspondiente.
