ntht/ Mi esposo le prometió a su amante que me quitaría la empresa y me dejaría “una casa pequeña para que no molestara”; ella me lo contó sin reconocerme. Yo sólo sonreí, llamé a mi abogado y pedí revisar 52 millones de pesos desaparecidos… pero una firma falsa de nuestro hijo reveló algo mucho peor.

PARTE 1

—En cuanto Mauricio se divorcie de esa mujer inútil, yo voy a ocupar su oficina y también su lugar en la familia.

La joven de vestido rojo dijo aquello levantando su copa, sin saber que la mujer sentada frente a ella era precisamente la esposa a la que acababa de llamar inútil.

El almuerzo anual de la Fundación Mujeres de México se celebraba en un salón privado de Polanco, entre empresarias, filántropas y consejeras de las compañías más poderosas del país. Elena Alcázar, de 47 años, ocupaba una mesa discreta al fondo. Vestía un traje azul marino sin logotipos visibles y llevaba el reloj antiguo de su padre, fundador del Grupo Alcázar del Valle, un consorcio de transporte, hoteles y centros comerciales.

Casi nadie fuera del mundo financiero reconocía su rostro. Todos reconocían, en cambio, a su esposo.

Mauricio Robles aparecía en revistas, inauguraba edificios y hablaba en televisión como si hubiera levantado solo aquel imperio. Era director general del grupo, carismático, elegante y adicto a los aplausos. Sin embargo, Elena presidía el consejo, controlaba 64% de las acciones con voto y podía removerlo con una sola reunión extraordinaria.

La muchacha frente a ella se llamaba Renata Lozano. Tenía 27 años y trabajaba como coordinadora junior de relaciones públicas en una filial de lujo. Había conseguido su invitación después de que Mauricio llamara personalmente al área de eventos.

—Mi novio dirige todo —presumió Renata—. El apellido Alcázar sólo sigue ahí por tradición. La esposa viene de una familia arruinada y él la mantiene por lástima.

Elena bebió un sorbo de agua.

—Debe ser muy difícil vivir con alguien así.

—Terrible. Pero ya casi termina. Mauricio va a cambiar el consejo, quedarse con la empresa y darle a ella una casita en Cuernavaca para que no moleste. Después me llevará a París. También me prometió una vicepresidencia antes de Navidad.

Renata miró el traje sobrio de Elena y añadió con una sonrisa condescendiente:

—Debería arreglarse más. Los hombres respetan a las mujeres que saben llamar la atención.

En ese momento llegaron 3 consejeros. El director financiero se inclinó ante Elena.

—Presidenta Alcázar, disculpe la demora.

La copa de Renata quedó suspendida en el aire. Su rostro perdió el color.

Elena se puso de pie con una calma que resultaba más amenazante que cualquier grito.

—Señorita Lozano, fue muy ilustrativo escuchar sus planes. Mañana revisaré personalmente su propuesta de vicepresidencia.

Renata apenas pudo respirar.

Pero lo peor no fue descubrir con quién había hablado. Lo peor fue que Elena ya sabía de la relación desde hacía 2 meses… y también sabía de un departamento comprado con dinero de la empresa.

Cuando salió del salón, Elena llamó a su abogado.

—Arturo, activa la auditoría completa. Esta vez no voy a divorciarme de Mauricio. Primero voy a demostrar cuánto nos ha robado.

Nadie podía creer lo que estaba a punto de ocurrir…