Y fue precisamente su silencio el que terminó de abrirme los ojos.
Después de varios segundos comenzó a mover su anillo alrededor del dedo.
—Hay algo que no sabes.
Sentí que el cuerpo se me tensaba.
—Mi papá empezó a buscarte reemplazo desde hace meses.
No dije nada.
—Contrató una agencia. Quería a alguien que pudiera aprender tus funciones poco a poco.
—¿Desde cuándo lo sabías?
Daniel miró hacia la ventana.
—Dos meses.
Me quedé helada.
—Dos meses.
—Sí.
—¿Y nunca pensaste decirme nada?
—Mi papá quería evitar un escándalo. Pensaba que quizá tú misma te cansarías y renunciarías.
Algo comenzó a encajar.
Las reuniones de las que me excluían.
Los documentos que dejaban de llegarme.
Las frases de Daniel diciéndome que trabajaba demasiado.
Su insistencia en que pasara más tiempo en casa.
—Tú también querías que renunciara.
No fue una pregunta.
Daniel bajó la cabeza.
—Pensé que sería mejor.
—¿Para quién?
—Para nosotros.
—No. Dime la verdad.
Tardó demasiado en responder.
—Yo no quiero estar reorganizando mis cosas cada vez que Mateo se enferma.
Sentí un vacío en el pecho.
—¿Reorganizando tus cosas?
—Sabes a qué me refiero.
—No. Quiero escucharte.
—Tú tienes horarios complicados. Viajas. A veces hay problemas en la aduana a cualquier hora. Yo pensé que, si dejabas el trabajo, podrías dedicarte más a Mateo.
Me levanté de la silla.
—Así que permitiste que tu padre me desgastara hasta obligarme a renunciar porque tú no querías asumir tu parte como papá.
—No fue así.
—Fue exactamente así.
—Mariana…
—¿Sabes qué es lo peor?
Daniel me miró.
—Yo pensaba que eras débil porque nunca enfrentabas a tu padre. Pero no. Simplemente estabas de acuerdo con él.
Esa noche dormimos en habitaciones separadas.
A la mañana siguiente recibí una llamada de Ricardo.
Su tono ya no era arrogante.
—Necesitamos que vengas a una reunión con los asesores y el agente aduanal.
—Primero necesito contrato firmado.
—¿Contrato?
—Ya no soy empleada.
—Mariana, no exageres.
—Ciento ochenta mil pesos por la asesoría técnica, revisión documental y acompañamiento hasta dejar establecido el procedimiento correcto.
Casi gritó.
—¡Eso es más de lo que ganabas en meses!
