PARTE 2
Emiliano llevó a Camila, Rosa, Renata, Darío y Luna a la oficina de seguridad. La madre y el hermano de la novia entraron detrás, convencidos de que todo era una trampa para humillar a su familia.
En el salón principal, los invitados comenzaron a murmurar. El sacerdote cerró su libro y los músicos dejaron los instrumentos sobre las sillas.
Darío reprodujo el primer video.
Rosa acomodaba flores en un corredor. Emiliano pasaba, le preguntaba por Luna y seguía hacia el jardín. Apenas desaparecía, Camila dejaba caer un florero y obligaba a Rosa a recoger los pedazos sin guantes.
Cuando Emiliano regresaba, Camila tomaba una escoba y fingía ayudar.
El segundo video mostraba a Camila sujetando la muñeca de Rosa mientras Luna observaba desde una puerta.
—Eso no demuestra nada —interrumpió la madre de Camila—. Solo estaba dándole instrucciones.
Darío abrió otra grabación.
Camila humillaba a un mesero por colocar mal una copa y lo obligaba a cargar 4 cajas. Al ver acercarse a Emiliano, le quitaba una para aparentar que lo protegía.
—¿Desde cuándo pasa esto? —preguntó Emiliano.
Rosa respiró hondo.
—Desde hace casi 8 meses. Decía que después de la boda nadie podría contradecirla. Callé porque sabía que su familia diría que una empleada quería dinero.
Camila soltó una risa seca.
—Ahora todos son víctimas y yo soy el monstruo.
Luna se escondió detrás de su madre.
Darío abrió el archivo de la noche anterior.
A las 11:43, Camila caminaba por el pasillo de servicio con una caja roja. Abría el cuarto de Rosa con una llave y salía 3 minutos después sin ella.
Renata se llevó una mano al pecho.
—Es el estuche del collar de mi abuela.
Aquella mañana, Camila había anunciado que el collar de diamantes, valuado en más de 6,000,000 de pesos, había desaparecido.
Otra cámara la mostraba entrando al vestidor de Renata y escondiendo después el estuche dentro de una bolsa de Rosa.
—Pensaba denunciar el robo después de la ceremonia —explicó Darío—. La policía habría encontrado la joya entre sus cosas.
Rosa se cubrió la boca. Si Luna no hubiera hablado, la habrían detenido frente a su hija.
Emiliano miró a Camila.
—¿Ibas a mandar a prisión a una madre inocente?
—Los videos están editados.
—Están respaldados en 2 servidores externos —respondió Darío.
Bruno intentó quitarle la tableta, pero Darío lo apartó.
Un guardia entró con una carpeta y una computadora encontradas en el automóvil de Camila. Había contratos para entregar la administración de la finca a Grupo BR, empresa de Bruno, y una lista de 31 empleados destinados al despido.
Junto al nombre de Rosa aparecía una nota:
“Sacarla primero. La niña observa demasiado. Usar el collar”.
Renata sostuvo a Rosa para evitar que cayera.
Emiliano leyó la frase 2 veces.
—Dime la verdad ahora.
Camila cruzó los brazos.
—Aquí todos se aprovechan de ti. Viven en casas que tú pagas, comen de tu cocina y se comportan como familia. Yo iba a poner orden.
—¿Fabricar un robo es poner orden?
—El collar habría aparecido después. Solo quería asustarla.
Darío negó con la cabeza.
—Ayer llamó al comandante Salgado. Le pidió llegar a las 7:30 de la noche para detener a Rosa durante la recepción.
Camila giró hacia él.
—¿Revisaste mi celular?
—El comandante me llamó. Le pareció extraño que quisieras detener a una empleada sin informar a seguridad.
Emiliano recordó los discursos de Camila sobre dignidad y sus fotografías en refugios. Todo había sido una escenografía.
—¿Por qué Rosa?
Camila miró a Luna con desprecio.
—Porque esa niña ve demasiado. Rosa no me obedecía y Renata ya sospechaba. Necesitaba dejar claro quién mandaría después de la boda.
Renata cerró los ojos.
—Yo pude detener esto antes.
—La responsable es ella —dijo Rosa—. Pero todos tuvimos miedo.
Camila se lanzó hacia la consola.
—¡Borra los archivos! —gritó a Darío—. ¡Di que Rosa robó el collar! Cuando yo sea esposa de Emiliano, esta propiedad será de mi familia y tú también vas a obedecer.
Al golpear la consola, activó el audio general.
Su voz salió por las bocinas del vestíbulo, la capilla y los jardines.
Los más de 200 invitados escucharon cada palabra.
Camila quedó inmóvil.
Su madre cerró la puerta.
—Esto se puede arreglar. Emiliano, piensa en los periódicos y en tus empresas.
—No se puede arreglar intentar destruir a una mujer porque creyeron que nadie iba a defenderla.
Bruno tomó la carpeta e intentó esconder documentos bajo su saco. Darío se los quitó.
Los contratos entregaban a Grupo BR el control de proveedores, seguridad y personal, con comisiones exageradas. También había un poder legal preparado para que Camila lo firmara después de casarse.
Emiliano caminó hacia la capilla. Los invitados se apartaron en silencio.
Subió al altar y tomó el micrófono.
—Gracias por acompañarnos, pero esta boda no se celebrará.
Camila llegó detrás de él.
—No hagas esto en público. Podemos hablar a solas.
Emiliano miró a los presentes.
—La persona con quien iba a casarme maltrató al personal, intentó incriminar a una mujer inocente y planeó entregar esta finca a la empresa de su hermano. Las pruebas serán entregadas a las autoridades.
La madre de Camila se levantó.
—¡Estás humillando a mi hija!
—Ella se humilló cuando creyó que el dinero le permitía tratar a otros como si no valieran nada.
