Mi madrastra creyó que podía lastimar a mi hija de 8 años porque yo llevaba cuatro meses fuera, cumpliendo una comisión militar. “No vuelvas por ella, está bien”, me ordenó después de que le fracturara dos dedos. Regresé sin avisar y recuperé un viejo teléfono que mi hija había escondido. Cuando escuché la grabación, comprendí que aquello apenas comenzaba. Advertisements
—Te avisé lo del paraguas amarillo, pero no viniste.
Me quedé helada.
Aquel paraguas era nuestra contraseña secreta.
Mi difunto esposo, Diego, se la había enseñado cuando ella tenía cinco años.
«Si alguna vez estás en peligro y no puedes decirlo, dile a mamá que se rompió el paraguas amarillo. Ella entenderá».
Dos semanas antes, Valentina me había dicho exactamente eso durante nuestra llamada dominical.
Y yo, distraída por el trabajo, respondí:
«Cuando regrese te compro otro, mi amor».
Ahora comprendía lo que había hecho.
—Perdóname, hija. No entendí.
Valentina enterró su rostro en mi pecho.
—La abuela dijo que, si contaba lo que pasaba, se llevarían al abuelo a un manicomio.
—Nadie se llevará a tu abuelo.
Mi hija levantó la cabeza.
—Mamá, ¿tú no sabes?
—¿Qué cosa?
—El abuelo ya no vive en la casa. Hace más de un mes se lo llevaron en una ambulancia. La abuela dijo que probablemente iba a morir.
Sentí un escalofrío.
Durante cinco domingos, Beatriz me había asegurado que mi padre estaba perfectamente bien.
Y todavía faltaba descubrir dónde había estado durmiendo mi hija durante todo ese tiempo.
PARTE 2
—Tu hija dormía en la cocina del patio, Mariana. En un catre viejo, entre costales de alimento para animales.
La revelación me llegó de doña Socorro, nuestra vecina de ochenta años, pocas horas después de salir del hospital.
Pero primero fui a enfrentar a Beatriz.
La casa de mi infancia estaba en una calle tranquila de Atlixco. Mi madre y mi padre la habían construido con años de esfuerzo. Después de que mamá falleció, Beatriz llegó con su hijo Iván, que entonces tenía siete años.
Frente al portón encontré una camioneta blanca prácticamente nueva. La vieja camioneta de mi padre estaba abandonada junto al garaje.