Mi hermana y yo dimos a luz el mismo día, en el mismo hospital y a solo 2 habitaciones de distancia. Mis padres pasaron 9 horas celebrando al bebé de mi hermana sin visitar ni una sola vez a mi hija. Cuando llamé, mi padre solo dijo: “Estamos agotados”. Colgué en silencio. Pero minutos después, una enfermera entró con una carpeta y me preguntó quién había autorizado que otra persona pudiera llevarse a mi hija del hospital.
—Señora Torres, necesito confirmar algo relacionado con el alta de Lucía.
Valeria sintió frío.
—¿Qué cosa?
—Una mujer que se identificó como su madre preguntó si una abuela podía encargarse de sacar a una recién nacida del hospital si la madre estaba demasiado cansada.
Andrés se puso de pie.
—¿Preguntó por nuestra hija?
—El personal no autorizó nada. Pero quiero dejar registrado quién puede tomar decisiones sobre la bebé.
Valeria no dudó.
—Solo Andrés y yo.
Patricia hizo una anotación.
—Así quedará.
—Y retire a mis padres, a mi hermana y a su esposo de cualquier autorización relacionada con Lucía.
—Entendido.
Valeria respiró lentamente.
Ya no se trataba de una familia que había olvidado visitarla.
Estaban tomando decisiones sobre su casa, su coche y su hija.
—Patricia, ¿puede pedirle a mi madre que venga?
15 minutos después, Elena apareció en la puerta.
Era la primera vez que entraba a la habitación de Valeria en todo el día.
Ni siquiera miró la cuna.
—¿Qué le dijiste al hospital?
Valeria tomó la mano de Andrés.
—Antes de hablar de eso, quiero saber qué estás planeando hacer con mi casa.
El rostro de Elena cambió.
Y Valeria comprendió algo peor.
Andrés no había escuchado toda la conversación.
Su madre ya había hecho más que hablar de aquella mudanza.
Parte 2: —No dramatices —dijo Elena—. Solo estábamos buscando una solución para tu hermana.