Mi😰😥💖😱 esposo me entregó la llave de un cuarto junto a las calderas y dijo: «Las suites son para la familia; tú solo vienes de acompañante». Mi suegra se rio y nadie intervino. A medianoche, una camarista me reveló con quién estaba durmiendo realmente. No hice ningún escándalo; dejé que avisara al esposo de la pelirroja. Media hora después, mi marido suplicaba ayuda… sin imaginar qué otra mentira estaba por descubrirse.
—Renata. Esa pelirroja compró el departamento para ponerlo a nombre de su mamá, doña Alicia.
Sentí un mareo.
—Mi marido me dijo que lo vendió en 2 millones 600 mil pesos.
Mercedes abrió los ojos.
—¡Pero Julián consiguió 3 millones 900 mil! Vendió su camioneta y pidió un préstamo para completar el dinero. Todos nos enteramos porque estaba muy emocionado de comprar una vivienda.
La diferencia era de un millón 300 mil pesos.
Entonces recordé que Armando había regresado de aquellos viajes con ropa nueva y hablando de importantes negocios.
Mercedes continuó:
—Además, el trinchador de tu madre sigue allí. Julián no permitió que lo tiraran.
Necesité sentarme.
Había confiado a mi esposo la venta del último hogar de mi madre.
Y ahora parecía que él y su amante habían participado en algo mucho más grave que una infidelidad.
Busqué a Julián en el gimnasio comunitario donde entrenaba gratuitamente a varios adolescentes.
Al escuchar mi versión, palideció.
—Yo no sabía que Armando te había entregado solamente esa cantidad —murmuró.
Le pedí que me explicara todo.
—Necesito revisar los comprobantes. No quiero volver a creerle a nadie sin pruebas —respondió.
Esa misma tarde llamé a una abogada conocida, licenciada Gabriela Mendoza.
Me indicó que conservara el poder notarial, la escritura y todos los mensajes.
—Si hubo engaño y acuerdo entre tu representante y la compradora, podemos solicitar judicialmente que se anule la operación. Pero necesitamos demostrarlo.
Todavía estaba procesando aquella información cuando mi suegra me ordenó subir a su habitación.
La encontré recostada entre almohadas, comiendo uvas.
—Elena, mañana quiero que me entregues un regalo especial.
—¿Qué regalo?
—Los 2 millones 600 mil pesos que heredaste. La empresa de Armando necesita capital.
—Ese dinero es de mi madre.
Ofelia dejó el plato sobre la mesa.
—Entonces considéralo una prueba de lealtad. Si no ayudas a mi hijo, él se divorciará de ti.